El paso de los presos


Tardaron aproximadamente un mes en su materialización, el peso rondaba las dos toneladas y fue valorado en su momento en 100.000 pesetas

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Paso de la Virgen del Mayor Dolor. /Foto: LVC

Entre las numerosas fotografías antiguas de la Semana Santa de Córdoba hay una que llama especialmente la atención y es en la que aparece el paso de la Virgen del Mayor Dolor con unos respiraderos de madera tallados que llegan hasta el suelo. Quien conoce la historia inmediatamente responde que se trata del paso de los presos, ya que fueron sus autores los internos de la Prisión Provincial. 

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Paso de la Virgen del Mayor Dolor. /Foto: LVC

Este singular paso, con cabida para 40 costaleros, se estrenó en la Semana Santa de 1950 y tuvo una vida muy corta. La iniciativa de su construcción, según se cuenta, partió del director del centro penitenciario, Juan Batista. El maestro de talleres José García fue el encargado de hacer los dibujos y la talla del paso en estilo plateresco. Además, contó con la participación de tres internos, Demetrio Gómez, a las gubias; y Pedro Calzada y Manuel Jiménez se encargaron de la forja.

Tardaron aproximadamente un mes en su materialización. El peso rondaba las dos toneladas y fue valorado en su momento en 100.000 pesetas, que son 600 euros actuales. Llamaba la atención los desproporcionados jarrones de las esquinas. De ellos salían ramas y hojas de forja que se remataban en unas flores de porcelana en cuyo centro había una bombillita.

El paso estuvo expuesto en la prisión

La iniciativa partió al poco de recibir la Prisión Provincial el nombramiento de hermano mayor honorario de la hermandad del Calvario. Batista quería corresponder a este reconocimiento y se pensó en la hechura de este paso para así engrandecer la Semana Santa de Córdoba.

El paso quedó terminado en marzo de 1950 y durante una semana estuvo expuesto en las propias dependencias penitenciarias antes de ser llevado a la parroquia de San Lorenzo para realizar su primera estación de penitencia, llevado a hombros de los presos.

La pregunta que surge a todo el que ve cómo la madera tallada ocupa el lugar de los habituales faldones textiles es que por dónde entran y salen los costaleros. El paso tenía disimulada una puerta en la parte trasera que servía también para evitar que se produjera alguna fuga de costaleros en un momento de aglomeración.

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