Las saetas que escribieron los seminaristas


La iniciativa tuvo tal éxito que las letras se acabaron editando en un librito que se vendió al precio de 10 céntimos

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Antiguos seminaristas. /Foto: LVC

La vinculación de los alumnos del Seminario Conciliar de San Pelagio con las distintas hermandades cordobesas se remonta a tiempos lejanos, en los que la capilla de seminaristas -siempre caracterizada por su calidad- cantaba en los cultos solemnes de las hermandades o cuando con sus becas sobre los hombros formaban parte del cortejo de la procesión oficial del Santo Entierro.

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Antiguos seminaristas. /Foto: LVC

Entonces, al igual que ahora, cada seminarista tenía su propia historia y los muros de San Pelagio no le alejaban de sus raíces, entre las que no faltaba la hermandad de su familia o de su parroquia a la que seguía vinculado a pesar de la distancia.

Hace ahora un siglo, los profesores del Seminario propusieron a los alumnos un trabajo para un periodo vacacional. Consistía en que escribieran letras de saetas y el éxito de la iniciativa fue tal que el diario ‘El Defensor de Córdoba’ se hizo eco de la misma y durante la Cuaresma de 1921 las fue publicando poco a poco.

En aquel momento se vivía un resurgir de la Semana Santa en Córdoba y de sus tradiciones más populares, como es el caso de los altares domésticos, con los que se celebraba la madrugada del Viernes Santo, o los concursos de saetas. Las letras que hace un siglo escribieron los seminaristas calaron de tal manera entre los cordobeses que algunas de ellas se siguen escuchando en la calle cada Semana Santa como reflejo de una popularidad que se ha transmitido de generación en generación.

Esta reacción positiva pudo estar causada por la razón de que las saetas que se cantaban en aquel momento podían haberse convertido en un producto de baja calidad que no tenía la aceptación popular que necesitaba. Por esto, la publicación día a día de nuevas saetas, escritas por chavales en periodo de formación, supuso todo un revulsivo.

Las saetas, en un libro

La iniciativa de ‘El Defensor de Córdoba’ no fue suficiente y antes de llegar a la Semana Santa de 1921 ya se había reclamado que se recogieran todas las letras de la saetas en un librito. Y así fue. Salió a la luz antes del Viernes de Dolores al precio de 10 céntimos y se podía adquirir en las librerías de Gacto y de Rogelio Luque así como en la del Seminario.

La publicación se dividió en tres grupos. En el primero de ellos estaban las saetas relativas a la Pasión del Señor ordenadas de forma cronológica. Después estaban las que hacía una referencia concreta a las imágenes cristíferas y, por último, las de temática mariana o de otras materias.

Como ejemplo de las saetas del primer grupo, figura ésta inspirada en los denominados Improperios que formaban parte de la liturgia del Triduo Sacro: “¡Oh, dañados corazones!/ ¡Oh, ingrata Jerusalén!/ ¡Hoy cuántas aclamaciones!/ ¡Y luego me han de poner/ en medio de dos ladrones!”.

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