GALERÍA | Otro Viernes de Dolores, igual y tan distinto


La conquista del reino de la calle, donde la fe se agolpa en las aceras, no será este año, pero los corazones ya están arrebatados con el altar dispuesto para la Paz

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María Santísima de la Paz y Esperanza./Foto: Jesús Caparrós
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María Santísima de la Paz y Esperanza./Foto: Jesús Caparrós

Las cofradías saben a gloria cuando todo escasea. Y, en ese momento de necesidad, todos vuelven sus ojos a la imagen que una vez lo fue todo. La pandemia ha querido que las hermandades vuelvan a su esencia, a lo que se espera de ellas, a lo nuclear.

En esas llegaba el Viernes de Dolores, con su segunda Semana Santa a la vista sin procesiones, pero con la gente, con el pueblo más intenso que nunca. En Capuchinos las colas eran grandes. Entrada y salida, rezaban los carteles. Un termómetro para entrar, como el símil del niño febril por las cofradías que han de salir a las calles de la ciudad.

La conquista del reino de la calle, donde la fe se agolpa en las aceras, no será este año, pero los corazones ya están arrebatados con el altar dispuesto para la Paz, con la peana recién restaurada de los Dolores, con la Soledad en Franciscanos, con el Cristo de Gracia y el Rescatado en Trinitarios. Con un todo que lo sigue siendo, en la mirada que resalta sobre la mascarilla, aun más fuerte, pidiendo a la imagen por el trabajo, por la salud de un ser querido o dando, sencillamente, las gracias por seguir aquí un Viernes de Dolores más.

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