La labor social de la hermandad de la Caridad en 1948


La cofradía desplegó para la Navidad de ese año un dispositivo para atender esta necesidad existente en la capital

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Señor de la Caridad. /Foto: LVC

La inesperada llegada de la pandemia del coronavirus ha causado una crisis de proporciones considerable que ha requerido de la solidaridad de todos para amortiguar su crudeza. A la crisis sanitaria le ha seguido otra económica que ha generado la crisis social en la que muchas familias cordobesas vieron cómo de la noche a la mañana desaparecían sus ingresos y necesitaban una ayuda que no era fácil buscar, ya que el toque de alarma había paralizado toda actividad.

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Señor de la Caridad. /Foto: LVC

Esta situación, pese a ser novedosa para las generaciones más recientes, ha pillado desprevenidos a todos, salvo a la Iglesia y a sus instituciones, como es el caso de las hermandades que dieron rápida respuesta desde el primer momento y colaboraron con sus respectivas parroquias para ayudar a los demás, como pioneros en la labor social.

La Iglesia, y por ende las cofradías, tienen este músculo bien entrenado y saben enfrentarse a todo tipo de situaciones, debido a que a lo largo de los tiempos no han dejado de ejercitarlo de forma tan discreta como eficaz.

Los ejemplos de ayuda social que se podrían poner son numerosos y se remontarían hasta la edad media, por ser el momento más antiguo del que se dispone de documentación. Por escoger alguno, se puede destacar el ocurrido en 1948, cuando a las penurias arrastradas de la guerra civil se sumó el bloqueo internacional tras la Segunda Guerra Mundial, lo que dio lugar a lo que se conoció como el año del hambre.

La hermandad del Señor de la Caridad desplegó para la Navidad un dispositivo para atender esta necesidad existente en la capital. Consistía en el reparto de 4.000 comidas entre los días 1 y 2 de enero de 1949. De este modo se intentó paliar el hambre en la medida de lo posible, que en aquel momento era una lacra social.

El mecanismo dispuesto por la cofradía consistía en recabar la colaboración de sus propios hermanos y allegados. Según el donativo aportado, se le devolvían un determinado número de vales, que repartirían entre aquellos casos que conocían, para que pasasen a recoger la comida los días establecidos en el Asilo de Madre de Dios, que para tal fin lo había cedido el Ayuntamiento de Córdoba.

Una acción social todo el año

Los que acudieron el primer día a recoger su almuerzo se encontraron con una ración de ‘sopa al cuarto de hora’, así como otra de cocido realizado con 200 kilos de garbanzos y 100 de patatas, además del tocino fresco y la carne No faltó el pan y una naranja de California. El día dos estaba compuesto el menú por una paella aderezada con carne, chorizo y marisco, con pan y postre. 

Esta labor social no fue una excepción en la trayectoria de la hermandad de la Caridad. En aquellos tiempos no faltaba la atención a los enfermos y necesitados, así como el reparto de comidas que hacían todos los años en Semana Santa.

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