Las tres celebraciones que pueden marcar el ser o no ser de las cofradías


Las hermandades se enfrentan a un segundo año “en blanco” y a la necesidad de encontrar nuevos recursos para sostenerse

Nazarenos de la Misericordia./Foto: Luis A. Navarro celebraciones
Nazarenos de la Misericordia./Foto: Luis A. Navarro
cruces
Cruz de mayo de la parroquia de San Francisco, en una imagen de archivo./Foto: Luis A. Navarro

La fecha está fijada. El 13 de enero, si no hay un giro radical de los acontecimientos, se suspenderán las procesiones de la Semana Santa de 2021. Un hecho del que ya hay precedentes en Granada y Sevilla, donde ya se ha decretado, y que en el caso de Córdoba supondrá la suspensión de la primera de las tres celebraciones con las que, además, se financian en gran medida las cofradías.

Y es que las salidas procesionales dejan en las arcas de las hermandades ingresos por venta de papeletas de sitio que, en el peor de los casos, sirven para costear los gastos derivados de las mismas. Y, en el mejor, para recaudar para el sostenimiento de la corporación. Sin procesiones los mismos no llegarán, aunque no haya gastos de flor, cera y bandas, en su caso. De igual modo que tampoco habrá un elemento importante con el que justificar gastos de cara a la subvención.

Pero, aunque oficialmente no hay decisión, también peligran las celebraciones de las cruces de mayo y de la feria. De hecho, las primeras habrían de realizarse aun con el Estado de Alarma en vigor, por lo que se antoja harto complicado que puedan llevarse a cabo. Y este evento es una fuente de financiación capital para muchas cofradías. 

La tercera de las celebraciones es la Feria de Nuestra Señora de la Salud, la otra gran fuentes de ingresos. El alcalde no cerró la puerta, pero la realidad es que, al igual que con las cruces, desarrollar un evento de estas características (con una afluencia estimada de un millón de personas) invita a pensar que realizarlo supondría que la crisis sanitaria habría desaparecido completamente, o casi.

En esa tesitura, las hermandades se enfrentan a un segundo año “en blanco” y a la necesidad de encontrar nuevos recursos para sostenerse y, además, no perder hermanos ante el parón y seguir llevando a cabo su obra social.