Las cofradías: una labor que llega a dónde las administraciones no alcanzan


Durante la pandemia se ha intensificado un trabajo que ya era imprescindible antes de la misma

Santa Marina
Antes y después de la operación kilo./Foto: Resucitado
Aguilar labor
Algunos de los juguetes recaudados por la hermandad de la Paz./Foto: Paz

Cuando 2020 toca a su fin, el análisis del año más funesto que se recuerda en las últimas décadas da para mucho. Y, en el apartado cofrade, el análisis es apasionante en diversos aspectos. Uno de ellos ha sido el de la obra social, donde las hermandades han mostrado, de forma contundente, que además de ser uno de sus carismas, estas son capaces de llegar a dónde las administraciones no pueden.

En ese sentido, cabe destacar la labor llevada a cabo desde comienzos de la pandemia. La misma se desarrollado por diferentes vías, siendo una de las principales la de las cáritas parroquiales. Las cofradías han colaborado estrechamente con ellas en un tiempo en el que las peticiones de ayuda, cuánto menos, se han triplicado, existiendo casos tan llamativos como el de una parroquia céntrica de la capital cordobesa en la que se ha pasado de atender de 20 familias a 250. 

Productos entregados por la hermandad de la Merced./Foto: Merced
Productos entregados por la hermandad de la Merced./Foto: Merced

Hermandades como la Merced, con la cáritas parroquial de San Antonio de Padua; o la Vera Cruz y el Descendimiento; con la de San José y Espíritu Santo; son algunos de los brillantes ejemplos de colaboración y compromiso de las Instituciones penitenciales con sus comunidades. 

A ello hay que sumar que se han redoblado campañas que se venían realizando durante otros años, como es el caso de las que ha llevado a cabo la hermandad de la Paz. Esto sin olvidar operaciones kilo de urgencia, a consecuencia de la crisis provocada por el coronavirus, como las que ha desarrollado la cofradía del Resucitado, para atender las necesidades de la cáritas parroquial de Santa Marina. O las cofradías del Vía Crucis, del Perdón y la Santa Faz, en el caso de la Trinidad. 

Esos son solo algunos ejemplos del intenso trabajo realizado durante los últimos nueve meses. Que se suma al que ya ejercían antes de la pandemia y que, a nivel económico, es difícil de cuantificar. Pero que, de no llevarse a cabo, queda claro dejaría un hueco difícil de completar por parte de las administraciones. Y ello sin contar la labor que llevan a cabo otras instituciones de la Iglesia.