El cambio de la Buena Muerte que (no) interrumpió el coronavirus


La cofradía de San Hipólito experimento un importante auge antes de la llegada de la pandemia de la mano de Joaquín de Velasco

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Santísimo Cristo de la Buena Muerte en su altar de cultos./Foto: Jesús Caparrós
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José Maria Bellido durante el acto organizado por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: LVC

El 7 de marzo de 2020 será recordado como uno de los últimos días grandes, antes de que la pandemia del coronavirus pusiera patas arriba a toda la sociedad y, por ende, a las cofradías. 

Aquel día, la hermandad de la Buena Muerte celebró una actividad diferente a las que habitualmente realizan las hermandades. Y es que, con fines benéficos, la corporación de la Madrugá cordobesa llevó a cabo una degustación de garbanzos, elaborados por un chef de primer nivel, Kisko García.

El llamamiento fue todo un éxito y obtuvo el respaldo de hermanos y cofrades en general, contando con la presencia del propio alcalde de la ciudad, José María Bellido, que pertenece a la nómina de cofrades de la Buena Muerte. 

Previamente, la institución penitencial había realizado una mesa redonda con primeros espadas en la misma. El centro cultural San Hipólito de la acogía una charla en la que participaban el hermano mayor del Gran Poder de Sevilla, Félix Ríos; el delegado del Jueves Santo del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla y antiguo hermano mayor de Montserrat, José Haldón; el diputado de cultos de la hermandad del Baratillo y miembro de la Junta Consultiva de la hermandad de Pasión, Eduardo Salvador de Andrés Rodríguez; el hermano mayor de la hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba, Enrique León; así como el máximo responsable de la cofradía de la Paz y Esperanza de la capital, Enrique Aguilar.

Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla hermandades
Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla

Y, en las navidades de 2019 -al igual que en las de 2020- la Reina de los Mártires aparecía inundada de pascueros, también con fines benéficos. A ello había que sumar que, para la salida procesional de 2020, la hermandad había repartido colgaduras entre los vecinos de la zona de San Hipólito. Mientras la Cuaresma se cerró abruptamente, eso sí, con un imponente altar de cultos para el Cristo de la Buena Muerte.

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Santísimo Cristo de la Buena Muerte./Foto: Jesús Caparrós

Todas estas innovaciones en la hermandad congregante llegaron de la mano de su nuevo hermano mayor, Joaquín de Velasco, y su junta de gobierno. Un mérito que viene a demostrar que las cofradías, por muy afianzadas que estén, necesitan de un impulso constante. El mismo se lo ha dado a su cofradía un hermano mayor que, ahora, se enfrenta -como el resto- a los efectos de una crisis socioeconómica en la que las cofradías juegan un papel protagonista en el sustento de quienes más lo necesitan.