La Catedral acoge la tradicional Vigilia de la Inmaculada


Los jóvenes acudieron al templo principal de la Diócesis junto al Obispo, monseñor Demetrio Fernández

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, durante la vigilia de la Inmaculada./Foto: LVC
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, durante la vigilia de la Inmaculada./Foto: LVC
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, durante la vigilia de la Inmaculada./Foto: LVC
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, durante la Vigilia de la Inmaculada./Foto: Diócesis de Córdoba

La Delegación de Juventud y la Delegación de Pastoral Vocacional de la diócesis de Córdoba han celebrado en la noche del lunes, en la Santa Iglesia Catedral, la tradicional Vigilia de la Inmaculada.

La celebración ha comenzado con la celebración eucarística presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, quien ha iniciado su homilía dando la bienvenida al nuevo año litúrgico que da comienzo este domingo. 

Aludiendo a la Palabra de Dios, el obispo ha recordado la necesidad de “estar vigilantes” y pedir al Señor que no nos abandone, que nos restaure y cambie en nuestro corazón todo lo que haya que cambiar. “Que brille su rostro en nuestra vida y nos salve”, ha instado. 

El tiempo de Adviento, como ha comentado el pastor de la Diócesis, nos proclama que el “Señor viene y que salgamos a su encuentro”, por lo que monseñor Demetrio Fernández ha pedido a los fieles que eliminen los obstáculos que hay en su corazón y con la esperanza renovada salir al encuentro del Señor, “un encuentro que llenará tu vida de luz y de alegría”. En este sentido, ha subrayado la necesidad de no dejarse “adormilar” por el pecado, sino procurar poner el alma a la luz de la misericordia y del perdón de Dios. “Dios ha puesto en nuestras manos un proyecto de vida y de felicidad, por lo que no nos enrollemos con el dinero y otras cosas que nos enturbian”, ha comentado. 

Finalmente, ha concluido su homilía encomendando a los fieles a la Santísima Virgen en este tiempo de Adviento, tiempo mariano por excelencia, porque “es Ella la que lleva al mundo la alegría que es Jesucristo”. 

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