Busque, compare y si encuentra algo mejor… “juegue” a Halloween


A continuación, les reproducimos el artículo escrito por Manuel Montes Jiménez, con motivo de la solemnidad de Todos los Santos

Todos Los Santos Halloween
Cementerio de la Salud./Foto Luis A. Navarro
Todos Los Santos Halloween
Cementerio de la Salud./Foto Luis A. Navarro

“Creo en la Comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna”. Amén.

En estos tiempos convulsos y faltos de fundamentos firmes que nos ha tocado vivir, a veces, a falta de mejores argumentos, rechazamos lo que no es  nuestro solo por eso, por no ser nuestro, y nos convertimos en anti… es una actitud defensiva, negativa, que poco o nada puede aportar a la persona.

Nuestra fe es positiva, no nos coarta, no es una pesada losa que nos subyuga y nos oprime, sino que nos impele, nos lanza, nos hace avanzar en la búsqueda de nosotros mismos, del otro, de la felicidad, de Dios. Por ello, no se trata de rechazar por rechazar, sino de afianzarnos en lo que nos sustenta, no seamos anti Halloween, sino profundamente creyentes en las verdades de nuestra fe cristiana católica. 

Nuestra fe es plenamente razonable, tiene fuerza y capacidad de dar sentido a nuestra vida.  Sea la columna firme sobre la que cimentar nuestra vida, que sea la luz que ilumine nuestra vida, la que de sentido a nuestro sufrimiento,  la llene de esperanza y nos permita vivir con la tranquilidad que nos da el sabernos hijos amados de Dios y la confianza de que nuestra vida está en las manos amorosas del Padre, y que es el soplo del espíritu el que hincha nuestras velas y hace avanzar nuestra nave en el proceloso mar de la vida.

Recitamos al final del Credo apostólico, el más antiguo de nuestros símbolos de fe, creo en la comunión de los santos”. Esta verdad de fe, que recitamos casi sin darnos cuenta, si es que la recitamos y no esperamos silentes al amén final, pasa casi desapercibida entre tantas otras verdades  no menos fundamentales. Y es en esta aseveración, la comunión de los santos, en la que se fundamentan  las dos jornadas que vamos a celebrar en los próximos días.

El día 1 de Noviembre es el festivo, se celebra de forma solemne el día de todos los santos, el día de todos los que hemos sido bautizados, pues por el Bautismo hemos sido hechos hijos de Dios y llamados a ser santos, de ahí que desde los orígenes, a los bautizados se les diese  este nombre, santos, y fuese común esa salutación en la literatura epistolar  apostólica, “saludad a todos los santos en Cristo Jesús … Os saludan  los las santos que están conmigo” Fil 4, 21-22.

El día 2 lo dedica la Iglesia a orar por los fieles difuntos, los santos que ya han partido a la casa del Padre, los que ya están con Dios en el paraíso o en el periodo de purificación necesario antes de ser recibidos en la casa del Padre.

El primero  es la fiesta de los cristianos vivos, el otro oramos por los cristianos difuntos y esto sustentado en una verdad de fe; que los cristianos estamos unidos, que vivos y difuntos estamos en comunión, y que por ello podemos interceder los unos por los otros, es la generosidad de la oración, que puedo no sólo pedir por mí, sino también interceder por otros, estén vivos o difuntos, y lo que es aún más hermoso que los que están con Dios pueden interceder por los que estamos aún peregrinando a la casa del Padre. Nosotros podemos rezar por nuestros difuntos, y nuestros difuntos pueden interceder por nosotros. 

Esta es la fe de la Iglesia católica en este aspecto, esto es la comunión de los santos, la intercesión de unos en favor de los otros, y esto en los tres estados; los que vivimos aún peregrinos en este mundo (Iglesia peregrina) otros ya difuntos que se purifican (Iglesia purgante) y los que ya están con Dios y lo contemplan cara a cara (Iglesia triunfante)…  No sólo se mantiene el recuerdo o la memoria de los difuntos, eso es pobre, se alimenta la unión, el servicio y el amor eternamente. Eso es la comunión de los santos, esta es nuestra fe.

No me quiero extender más,  no hay comparación entre esta gratificante convicción y  la cruel y terrorífica creencia que subyace en Halloween de  que los espíritus de los muertos vienen esa noche reclamando venganza y hay que protegerse de ellos  mediante sangrientos sacrificios, luctuosas ofrendas o hechizos y sortilegios varios.

Tenemos un calendario de fiestas lleno de sentido, vivámoslo, y si copiamos o importamos fiestas (que no es necesario), copiemos sólo lo lúdico, lo festivo, pero nunca la trasnochada, cruel y atávica creencia que bajo ello subyace… donde se pongan las gachas y los huesos de santo que se quite el manido truco o trato, donde se ponga don Juan Tenorio quítense los disfraces macabros y no cambiemos una misa de réquiem  por una mascarada cadavérica.

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