Yolanda Muñoz: “No hay secretismo en Cursillos, le pido a quien haya estado enamorado que explique qué es estar enamorado”


Yolanda Muñoz./Foto: LVC
Yolanda Muñoz./Foto: LVC

Cuando llegamos a la Casa de San Pablo todo es igual, pero distinto. Los recuerdos del aquel Cursillo regresan en aquel salón de actos repleto, que ahora tiene limitado el aforo con precintos. Nos recibe la presidenta del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Córdoba, Yolanda Muñoz. Acude, antes de comenzar la entrevista a ver “al jefe”. Y, de camino hacia uno de los bancos de entrada de la casa, nos muestra la sala donde se reúnen los grupos, que ahora tiene pupitres individuales.

Todo son medidas de seguridad, la pandemia está ahí, pero también -más actualizado que nunca- el mensaje evangelizador, ese primer anuncio está ahí. Y es que, como señala Muñoz, “aun en mascarilla, el Señor da un soplo de aire muy fresco”.

Una chica, que salió en la clausura, me dice “me quedo con la definición de Yolanda del Cursillo”. Siempre digo que es un bombón por abrir

Ya han celebrado el primer Cursillo, cómo ha sido.

Todo el mundo pregunta si ha sido muy distinto o no (risas). En la dinámica, en la operativa, algo distinto. Adaptarlo a la pandemia ha supuesto cambios. Hemos tenido que utilizar espacios que antes no utilizábamos. Se han puesto mamparas en el comedor; todo el mundo estaba con mascarillas todo el día; algo que es muy habitual en Cursillos, la afectividad, darte de vez en cuando un abrazo, tampoco se ha podido hacer. Pero lo esencial, que es la experiencia de fe, esa se ha vivido plenamente. De hecho, ha sido un encuentro con el Señor y con los demás como en cualquier otro Cursillo. Distinto en las formas, pero igual en el fondo.

Cada Cursillo deja una huella, cuál ha dejado este.

La frescura de la juventud. Ha habido mucha frescura, mucha novedad. Pero no por la dinámica, sino porque el Señor se ha mostrado muy nuevo y ha vuelto a dar respuesta a todo el mundo. Aun en mascarilla, el Señor da un soplo de aire muy fresco.

¿Cuántos cursillos han planificado para este año?

Hemos planificado como en cualquier otro curso. Todos los años tenemos 14 cursillos mixtos de tres días, que es para quien no ha hecho el Cursillo. Luego hay tres cursillos de matrimonios y tres de renovación. Cuántos vamos a dar, no lo sabemos, porque la situación lo va ir marcando.

Se están cumpliendo todos los protocolos.

Todos. Está la casa llena de alfombrillas, gel hidroalcohólico, se usa mascarilla en todos los espacios, menos en el comedor donde pusimos las mamparas y cada uno tiene su porción de mesa. Los aseos comunitarios no se usan. Han desaparecido las fuentes. 

¿Cómo deciden dar el paso de celebrar los cursillos? ¿Ha costado mucho?

Cursillos
Yolanda Muñoz./Foto: LVC

El Movimiento de Cursillos es a nivel mundial y diocesano. A nivel mundial tiene un presidente nacional que es de Córdoba, Álvaro Martínez. Le preguntamos si la idea era tener cursillos o no. Nos dijo que sí. Antes de eso, el 1 de septiembre, hablamos con la Diócesis, con el vicario general Antonio Prieto, y le preguntamos qué quiere la Diócesis del Movimiento. Y nos dijo: toda la normalidad que podáis, con seguridad. 

Yo decía, por qué no darlos. Nuestra misión es compartir el Evangelio con gente que quiera recibirlo. Estamos yendo a clases, a trabajos, a bares, a gimnasios, por qué no vamos a dar un cursillo.

A quien no haya el Cursillo, qué le diría.

Una chica, que salió en la clausura, me dice “me quedo con la definición de Yolanda del Cursillo”. Siempre digo que es un bombón por abrir, que es una experiencia que siempre suma y a cualquiera. Una experiencia de fe con un triple encuentro, una triple mirada: a uno mismo, al cielo y mirar al otro. Realmente, cualquier persona que se dedique tres días a mirarse a sí mismo, al cielo y ver cómo está su relación con el Señor y a mirar a los demás; merece la pena. Si encima te llevas un encotronazo con el Señor, que está en esta casa muy presente, ya es el regalo total. Una experiencia vital y muy personal. No hay secretismo en Cursillos, yo le pido a quien haya estado enamorado que explique qué es estar enamorado. Quien haya sido padre o madre, que explique qué es ser padre o madre. No se puede explicar. 

Cada Cursillo es distinto.

Cada Cursillo es distinto. El espíritu es el mismo, pero el dinamismo de las personas cambia.

¿Cómo llega Yolanda Muñoz a ser presidenta de Cursillos?

Hice el Cursillo hace 34 años, estaba en segundo de carrera. Mis padres estaban en Cursillos y por eso lo hice. De hecho, para mí no fue una experiencia reveladora. Lo que sí digo es que fue cortar el cordón umbilical de una herencia a una vivencia personal. Hasta entonces me gustaba lo que me iban ofreciendo mis padres y lo iba viviendo, pero me planteé si esa opción cristiana era buena para mí o no y lo era. Entré en la Escuela al año siguiente. Luego, por razones laborales tuve que dejarla. En ese periodo nacieron los niños y hubo un stand by y, en 2003, hubo una jornada de actualización y mi madre, que sabía que me picaba el gusanillo, me dijo por qué no vas. Hice las jornadas, pisé esta casa y no salí.

Las elecciones en las Diócesis todos los miembros de la Escuela son electores y todos son elegibles. Cualquiera de nosotros podía ser el presidente del Movimiento. Y eso se averigua el día de las elecciones. Y cuando empecé a oír mi nombre, dije, ¿aquí que está pasando? Y así fue. Ha sido un tiempo providencial. Lo he tomado como un servicio al Señor. Me gusta más la escoba que la presidencia. Volveré cuando acabe la Presidencia.

¿Qué ha sido lo más difícil y lo más gratificante de su presidencia?

Yolanda Muñoz./Foto: MCC

Lo que más me cuesta es no llegar a todas las personas. Cuando coordino un Cursillo siento que el Señor me ha confiado a 20, 30 o 40 personas. Luego mi vida no da para atender personalmente a 20, 30 o 40. Y en la Presidencia me pasa igual. Tengo una permanente que la conforman 12 personas. Y tomamos las decisiones entre todos. 

Hay 150 personas, que son los responsables, que aman el Movimiento. Es muy fácil todo. Está el Espíritu, están las personas. Realmente, es verdad que se lleva todo solo.

¿Qué carisma tiene Cursillos?

El del primer anuncio, que la persona se encuentre con Jesucristo. Los jóvenes están por evangelizar, hay que recuperarlos. Pero, por ejemplo, las familias que van a las parroquias a bautizar a sus hijos. Que seguramente fueron cristianos de niños, se separaron y vuelven son un perfil idóneo para vivir la experiencia de un Cursillo; tengan esa experiencia con Jesús; y sigan esa dinámica dentro de su casa. 

El carisma de Cursillos es evangelizador y que luego dinamice los ambientes de la persona. Esa realidad que ha descubierto del Evangelio le repercuta en su vida personal, profesional, social y busque su lugar en la Iglesia. Al final te das cuenta de que poca gente ha tenido una experiencia personal de Dios. Tenemos una labor ingente. El Movimiento tiene que estar en salida constantemente. Cursillos tiene mucho que decir ahí.

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