“Cuidados paliativos, sí. Eutanasia, no”


A continuación, les reproducimos la carta semanal del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena comisión eutanasia
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena comisión eutanasia
El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena

Vuelve a primera línea el tema de la vida, ahora con la nueva ley de eutanasia. ¿Qué es la eutanasia? –La muerte provocada en aquellas personas que ya no valen. A ello se añade el suicidio asistido, que consiste en favorecer la muerte a la persona que lo pida. En uno y en otro caso, se trata de eliminar la vida en la fase en que ya se considera de poca calidad. Con la eutanasia, la vida humana es despojada de toda su dignidad, sobre todo por parte de quien la ejecuta.

Rebrota esa lucha que está en el fondo de la historia humana, la lucha entre el bien y el mal, la lucha entre la Mujer portadora de la vida y el Dragón rojo que quiere eliminarla. Y en la que la Mujer, que representa a María y a la Iglesia, salva a la humanidad de las garras del Dragón rojo, el diablo, Satanás (cf Ap 12). Rebrota de esta manera la acción fratricida de Caín que mató a su hermano Abel, introduciendo en el mundo el odio como fruto del pecado y de la envidia.

Cuando el hombre se aparte de Dios, es capaz de todo lo malo, es capaz incluso de ir contra el hombre, de destruirlo. Estamos viviendo con el Covid-19 una de las pandemias más duras de la historia, que está haciendo temblar los cimientos de nuestra época, la sanidad, la actividad económica y laboral, el bienestar social. Y en medio de esta situación, el gobierno de turno saca a la palestra el tema de la eutanasia, la matanza de los débiles, con una ley demoledora.

Se cumplen aquellas palabras del Papa Juan Pablo II, el gran defensor de la vida en todas sus etapas: se trata de una guerra de los poderosos contra los débiles, se trata de una verdadera conjura contra la vida, se trata de una verdadera cultura de la muerte. Y que el Papa Francisco actualiza en sus alocuciones y escritos: “No es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” (Laudato sì 120).

Hemos vivido ya varios envites en esta misma dirección. A estas alturas casi que nos hemos acostumbrado a que se practiquen en España más de cien mil abortos cada año. Y nos doran la píldora apelando a la libertad de la madre para elegir tener su hijo o matarlo en el seno materno, si es un embarazo no deseado. Sin embargo, la vida es sagrada, sigue siendo sagrada y nadie puede eliminar a un ser inocente. El claustro materno debiera ser el lugar más seguro y acogedor para el ser humano, y se ha convertido en el lugar más amenazado y agresivo en millones de casos concretos.

Y ahora, propaganda por todas partes sobre la eutanasia hasta llevar una ley al Congreso, que probablemente será aprobada. Se intenta dorarnos la píldora con una falsa compasión hacia el que sufre, “para que no sufra” lo eliminamos. Ciertamente, el sufrimiento no es plato de gusto para nadie. Y cuando el sufrimiento es insoportable, llega a desearse la muerte. Pero para eso están los cuidados paliativos que consisten en aliviar el dolor mediante el acompañamiento personal, el cariño y la atención al que está sufriendo y el recurso a la medicina, que hoy cuenta con remedios que alivian e incluso eliminan el dolor. Cuando el dolor es aliviado o eliminado, nadie quiere morirse.

Entonces, ¿por qué prospera la eutanasia? Sencillamente porque es más barata que los cuidados paliativos. Es más económico eliminar a los ancianos que mantenerlos bien atendidos. Es más barato eliminar a los discapacitados que mantenerlos durante años hasta su muerte natural. En la Seguridad Social es más rentable eliminar vidas que cuidarlas y extender a toda la población los cuidados paliativos hasta que llegue la muerte natural. Es cuestión de egoísmo llevado a su extremo.

Si se nubla el horizonte de Dios, se nubla el horizonte de la dignidad humana, se nubla el valor de la vida humana en todas sus fases. En medio de esta situación brilla el testimonio abundante de muchos familiares que cuidan a sus enfermos con todo esmero hasta el final. Yo lo he visto. En medio de esta situación, me he encontrado con discapacitados que son atendidos con todo cariño por sus familias y con toda profesionalidad por parte de personas dedicadas. Ese amor es el que salvará al mundo, de la mano de la Mujer (María, la Iglesia) que protege al ser humano.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

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