Madre de la Sierra


Cabra se engalana para celebrar el día de su patrona

oznorHB

Para el cofrade, para el devoto, la fe es una poesía de la experiencia. Para llegar a escuchar su lírica sólo hay que vivir, sentir y dejarse llevar, por ejemplo, por lo que te hace sentir una imagen cuando estás frente a ella. No hay más y no es menos que eso.

Y para llegar a esto nada lo puede impedir, ni siquiera una pandemia. En lo más duro del coronavirus se hizo viral un vídeo en el que alguien andaba por calles vacías y llegaba hasta la puerta de una iglesia, solamente, para acariciar los goznes y decirle a su devoción que estaba allí, aunque no pudiera verlo.

Aquel templo era la basílica del Gran Poder y el que ahora nos ocupa es la parroquia de Asunción y Ángeles de Cabra. Hasta llegar a ella hay que transitar las calles en las que hablan los balcones, envueltos en la bandera de su Virgen. En ellos, las familias muestran lo mejor de sí con una señera, con un grabado de su Virgen, dando cuenta de la fe de innumerables generaciones que se postraron a sus plantas y se rindieron a su bandera. Y algunas la muestran con los colores gastados por el tiempo: rojo, amarillo y verde. Esa es la poesía de la experiencia de Cabra. 

Sobre ella escribo en su templo, frente a la Virgen milagrosa, mientras el órgano entona himnos y los fieles van llegando hasta completar el aforo máximo permitido. La inmensa mayoría de las mascarillas llevan impresa la bandera de la Virgen y, nada más verla, recuerdo la última vez que nos vimos en el santuario, hace dos años. Venía Miguel y por él le pido primero.

Tañen las campañas y comienza la misa que preside José Juan Jiménez Güeto. Hace casi una semana que la Virgen está en Cabra y recuerdo como pocas horas antes, el hermano mayor me explicaba que había quinielas para acertar cuando bajaría. Y cómo los jóvenes se apostaban cada madrugada para esperarla. O una madre con su hijo en un parque. Esa es la poesía de la experiencia de Cabra.

El poema llega a su cadencia perfecta cuando cae la noche. El cambio de terno de la Virgen es la métrica de las manos que la acaricia, los rostros que le rezan mientras se produce el cambio, el aroma a nardo, la cera rizada, las campanas que anuncian que ya es 8 de septiembre. El poema cantado de la fe de un pueblo y de quien la observa desde la distancia de otro rito, que siempre es el mismo. Minutos antes, te acercan al Niño y, pese al coronavirus, acarició su mano y le pido algo como la primera vez. 

Las calles están vacías, pero ella resplandece en el altar de Asunción y Ángeles. Las salves se repiten cuál letanía perdida en la memoria. La poesía de la experiencia es la fe de un pueblo. Ha llegado su día ¡Viva la Virgen de la Sierra! 

 

 

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