Luis M. Carrión, Curro: “Hasta que no haya una vacuna o una medicación, el mundo de abajo está abocado a vivir de los recuerdos”


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Luis Miguel Carrión, Curro, ante el paso de Nuestra Señora de la Fuensanta./Foto: Luis A. Navarro
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Luis Miguel Carrión, Curro, durante la igualá de costaleros de Nuestra Señora del Desconsuelo./Foto: Francisco Patilla

El sitio donde hemos quedado es muy familiar, donde en la vieja normalidad pasamos tarde y noches hablando del “mundo de abajo”. Pero ya no queda de eso más que los recuerdos. El capataz, Luis Miguel Carrión Huertas ‘Curro’, llega ataviado con mascarilla y durante un momento dudamos en la forma en que saludarnos (que queda para la intrahistoria de esta entrevista). Antes de que la grabadora comience su trabajo charlamos largo rato. El coronavirus es el gran protagonista, como también lo es el cambio de orden que se avecina o que ya ha llegado para la sociedad, para las cofradías y para cada persona en su fuero interno.

En la siguiente entrevista no van leer recuerdos de otras décadas o análisis sobre la evolución del mundo del costal. Curro confiesa cómo ha vivido el confinamiento, cómo se ha sentido y se siente, cómo confía en que las cofradías sabrán reinventarse, cuándo volverán las procesiones, cómo afectará el virus al mundo del costal… Todo eso y mucho más en las siguientes líneas.

¿Cómo ha vivido estos meses de pandemia?

Con la incertidumbre lógica de lo que estábamos viviendo. Echando en falta cosas que eran tan cotidianas que nunca pensamos que esto nos iba a ocurrir. Pensando en los momentos a los que nunca les hemos dado valor y que, sin embargo, no los tenemos ahora.

El año que viene si no hay cofradías en la calle -tiene toda la pinta- lo viviremos de otra manera

Cuando nos confinan, se suspenden actos de Cuaresma y luego las procesiones de Semana Santa, cómo lo vive.

Lo estábamos viendo venir. Recuerdo la noche que estábamos haciendo la mudá del palio de Gracia y Amparo cuando Rafa Salamanca recibió un mensaje con que habían suspendido las Fallas. En ese momento, los que estábamos alrededor de la parihuela hicimos un pensamiento en voz alta, en el que sabíamos que lo siguiente iba a ser la Semana Santa. Lo vivimos haciéndonos el cuerpo, siempre pensando que era lo más normal a tenor de cómo estaba evolucionando. Pero cuando llegó la Semana Santa… fueron días complicados, en los que faltaba algo que era parte de nuestras vidas. 

El año que viene si no hay cofradías en la calle -tiene toda la pinta- lo viviremos de otra manera. Pienso que las cofradías han tenido la virtud de reinventarse desde sus inicios. Han pasado otras epidemias, repúblicas, guerras y se han sabido reinventar. Supongo que en esta época tendrán que volver a hacerlo y adaptarnos a los nuevos tiempos que nos tocan, pensando que esto tendrá una solución.

“Cuando llegó la Semana Santa… fueron días complicados” ¿Cómo fue?

Creo que como cualquiera de nosotros. Estábamos confinados en casa, con el cuerpo hecho. En mi caso tengo el bagaje de esa rutina del Domingo de Ramos al Viernes Santo de esa rutina de acudir al reparto de trabajo a tus hombres, hacer las estaciones de penitencia de tus cofradías, a disfrutar con la gente con la que llevamos vinculados tantos años… un poco con sentimientos encontrados. 

¿Ha recordado muchos momentos del pasado?

Igualá de la cuadrilla del Cristo de Gracia, dirigida por Luis Miguel Carrión Huertas Curro, en las Ermitas./Foto: Curro Paniagua

Sí, porque cuando llevas tanto tiempo vinculado al mundo de las cofradías, de todas guardas recuerdos. Al final, aunque veas a la cofradía en el mismo sitio o hagas las mismas rutinas, todos los años son distintos. Al cofrade le gusta vivir de recuerdos y todos los días de la semana te faltaba algo. Por ejemplo, la experiencia que tuve, por primera vez en la Palma fue brutal, abrir la Semana Santa… cada hermandad tiene un momento y te viene a la memoria. Quizá, lo que más he echado en falta haya sido la última chicotá de los pasos en la Compañía. Para mí, ese último relevo de cada paso es el resumen de nuestra Semana Santa. Ese abrazo y ese beso lo eché mucho de menos.

¿Va a haber un antes y un después para el mundo del costal?

No sé realmente hasta dónde podrá llegar el alcance de esto que estamos viviendo. Todos tenemos claro, a día de hoy, que hasta que no haya una vacuna, una medicación y mientras no pueda haber grandes masificaciones en la calle no podrá haber cofradías. No quiero que nadie se alarme, pero cofradías en la calle pueda haber, aunque sea sin costaleros. Lo que no puede haber es cofradías en la calle sin nazarenos y sin imágenes. Lógicamente no sería lo mismo. 

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Luis M. Carrión, Curro, y Juanma Moreno./Foto: Juan C. Cabello

Hasta que no haya una vacuna, volver a pensar en meternos debajo de un paso es impensable. Quiero pensar que cuando esto vuelva a la normalidad y esto sea una mala pesadilla, todo el mundo volverá con las mismas ganas que había hasta 2019 de querer meterse debajo de los pasos, de disfrutar. En ese aspecto soy un poco pesimista, puede que haya un antes y un después. No soy médico, pero creo que este virus ha venido para quedarse y lo tendremos que pasar de una manera o de otra. El verdadero alcance se verá cuando citemos por primera vez una igualá, veamos la gente que hay y si no tendrá miedo a meterse debajo de un paso. Tengo mis serias dudas, ojalá me equivoque. Nuestra  generación no había vivido una pandemia ¡Y lo que hemos vivido! Parece que se nos ha olvidado muy pronto que ha habido 40.000 muertos y que los hospitales estaban colapsados.

¿Sería viable hacer PCR a los costaleros?

Al final se trata de dinero. Hacer test PCR valdría dinero. Puedes convocar a una cuadrilla, hacer el test y que el costalero se contagie mañana. Se ha hablado de salir a la calle con un ensayo, pero quién te asegura que en el ensayo que haces a los dos días uno se te contagie y cuando sales a la calle te contagia a toda la cuadrilla. Pienso que los PCR a nosotros no nos servirían, no es como el caso de los equipos de fútbol. Hasta que no haya una vacuna o una medicación, el mundo de abajo está abocado a vivir de los recuerdos y pensar que volveremos a la normalidad algún día y tendremos la suerte de participar de ese maravilloso mundo.

No quiero que nadie se alarme, pero cofradías en la calle pueda haber, aunque sea sin costaleros

Si antes del confinamiento hubiera habido casos en las cuadrillas, ¿se hubiera señalado a este colectivo?

En ese momento ya había costaleros preocupados por la situación que se estaba viviendo y te preguntaban incluso si era obligatorio ir a ensayar. Debajo de los pasos hay todo tipos de profesiones, hay médicos y en los hospitales ya les decían que no se relacionasen demasiado. Preocupación en las cuadrillas había. El capataz, por su cuenta y riesgo, no podía suspender un ensayo. Se podía hablar con las cofradías y transmitirle la preocupación que había por parte de algunos costaleros. El ejercicio de responsabilidad que hicieron las hermandades fue grande y hubo  otros colectivos en la sociedad española que no lo fueron. Quiero pensar que no se hubiera estigmatizado, porque contagios ha habido en todos lados.

¿Va a haber un cambio de orden para las hermandades?

Vamos a ver cómo somos la sociedad de volver a nuestro hábitat. Al principio del confinamiento vi una entrevista que le hicisteis a Quique León, el hermano mayor del Sepulcro, en la que decía que las hermandades tenían que volver a sus orígenes.

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Luis Miguel Carrión, Curro./Foto: Jesús Caparrós

Esto nos ha hecho recapacitar y darnos cuenta de que el ser humano no es tan importante como nos creíamos. La vida nos ha cambiado de la noche al día. Y nos ha enseñado que todo esto es más fácil de lo que nos empeñamos muchas veces. Las cofradías no están al margen de la realidad y, además, lo están viviendo en sus carnes con falta de ingresos. Y no nos podemos olvidar que las cofradías generan puestos de trabajo como los de los talleres artesanales y están haciendo una labor social impresionante, a pulmón.

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