Dos esculturas que “son un antes y un después del Covid-19”


Francisco Javier López del Espino concluye las imágenes de José de Arimatea y Nicodemo

esculturas López del Espino
José de Arimatea y Nicodemo./Foto: Jesús Ruiz, Gitanito
esculturas López del Espino
José de Arimatea y Nicodemo./Foto: Jesús Ruiz, Gitanito

“Hay obras que son un antes y un después del Covid-19, quiere decir que se empezaron antes de la pandemia y han finalizado después con unos resultados óptimos, porque el artista ha utilizado este tiempo para reflexionar y profundizar aún más en la perfección y la técnica a la hora de finalizar sus obras”. En estos términos comienza a describir el catedrático de Historia del Arte, Eduardo Gonzalez Cano, las dos nuevas obras del imaginero lucentino, Francisco Javier López del Espino.

Se trata de las imágenes de José de Arimatea y Nicodemo, que serán bendecidas el próximo 22 de noviembre en las Islas Canarias. “Dos obras que emocionan, sorprenden e incluso nos envuelven en un halo de sensaciones que vislumbra esa nueva etapa de la que hemos venido escribiendo en las últimas publicaciones relacionadas con la obra del artista”, ha subrayado González Cano. 

De las esculturas ha detallado que están realizadas en cedro real de tamaño natural, “dónde percibimos de nuevo esa evolución experimentada por nuestro artista con el objetivo de buscar un aspecto naturalista en su obras, impregnadas de una fuerza e incidencia en el espectador que en este caso vuelve a dejarnos otra visión de estos dos personajes vinculados a la vida de Jesucristo en los momentos más terribles y definitivos de su existencia”. Mientras que “las extraordinarias policromías están realizadas al óleo y basadas en los grandes pintores del barroco, todo tras un proceso de estudio por parte de nuestro escultor que finaliza con una ejecución impecable en todos los detalles de los Santos Varones”. 

A la descripción de las piezas del imaginero lucentino, el catedrático ha agregado que “estar cerca de estas dos imágenes es una sensación impactante, porque están en continua relación con el espectador, comunican el dolor, la tragedia que acaban de vivir, la desolación, la impotencia, la soledad, la melancolía en sus miradas, pero a la misma vez, la fuerza que los rodea es digna de mención. Siempre suelo hacer mención a las manos y lo que transmiten, pero tanto las testas como la comunicación no verbal de las manos de los Santos deja otro camino que nos permite descubrir la idea de nuestro escultor, que nos engulle en una nueva obra que no deja indiferente a nadie”.

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