Casualidades del reencuentro de Córdoba con su Virgen de los Dolores

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El miembro de la Junta de Gobierno José Daniel González habla en este artículo de la reapertura de la iglesia de San Jacinto

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La Virgen de los Dolores. /Foto: JDG

Este 31 de mayo, último domingo de mes, el Mes de la Virgen, es la fecha que ha elegido la Señora de Córdoba para que las puertas de la iglesia de San Jacinto vuelvan a abrir y que sus miles de devotos puedan volver a asomarse a contemplarla. Dicho esto, alguien podría pensar que es una fecha cualquiera. Pues hasta para elegir el día del reencuentro, la Virgen de los Dolores ha querido que sea especial.

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La Virgen de los Dolores. /Foto: JDG

Fue el pasado 14 de marzo cuando las puertas de San Jacinto se cerraron sin saber qué día volveríamos a poder entrar a hacer una visita al Señor y a la Virgen. Toda vez que sabemos la fecha de la reapertura, podemos entender que Ella sabía el día que iba a volver, y es que la Virgen tras el cierre quedó vestida con la saya del Espíritu Santo. Así ha permanecido todo este tiempo, ya que los miembros de la hermandad, durante todo este tiempo, no han tenido acceso al interior de la iglesia ni a las dependencias de la hermandad al encontrarse éstas en el interior de la Residencia de los Dolores. Todas estas medidas venían a atender a las recomendaciones de las autoridades sanitarias en materia de prevención y protección de nuestros mayores, de los trabajadores de la residencia y de las Hermanas de la Consolación.

Pues así lo ha querido Ella, reaparecer el último domingo de mayo, el último día del mes de María, el último día de la Pascua de Resurrección: el día de Pentecostés. Y no es casualidad que la última imagen que tenemos en la retina de Ella sea con la saya del Espíritu Santo, y que mañana día de Pentecostés volvamos a ver a “una Mujer vestida de Sol, con la Luna por pedestal y una corona de doce estrellas en la cabeza”, mostrando al Espíritu Santo en el centro de su saya para decirnos que es la Virgen del Espíritu Santo, la Virgen de Pentecostés.

La relación de la Virgen María con el Espíritu Santo es muy estrecha y a la vez privilegiada. “La Virgen María nos enseña el significado de vivir en el Espíritu Santo y qué significa para cada cristiano, para cada uno de nosotros, que está llamado a acoger la Palabra de Dios, a acoger a Jesús dentro de sí y llevarlo luego a todos. María invocó al Espíritu con los Apóstoles en el Cenáculo: también nosotros, cada vez que nos reunimos en oración estamos sostenidos por la presencia espiritual de la Madre de Jesús, para recibir el don del Espíritu y tener la fuerza de testimoniar a Jesús resucitado” (Papa Francisco, Regina Coeli, 28 de abril de 2013).

Ella fue para los Apóstoles, y lo es hoy para nosotros, el mejor modelo para seguir las inspiraciones del Espíritu Santo. “ En Pentecostés, la Virgen Madre aparece nuevamente como Esposa del Espíritu para ejercer una maternidad universal respecto a cuantos son engendrados por Dios mediante la fe en Cristo” (Benedicto XVI).

Esta intimidad que tiene María con Él, nos debe guiar a nosotros también a tenerla. Le pedimos al Espíritu Santo que también aumente en nosotros especialmente la devoción a la Virgen María. Que nos haga humildes, teniendo como modelo a la Virgen y recordando sus palabras “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”; que nos ayude a tener más presencia de Dios en la oración diaria.

Este año podríamos decir que los cordobeses tienen la oportunidad de celebrar su particular Romería del Rocío, con todos los respetos, y peregrinar hasta la iglesia de San Jacinto en el día de Pentecostés para rezar a la Madre de Dios y de todos nosotros.

Tras más de dos meses aislados y sin contacto con sus familiares, nuestros mayores que están en las residencias de ancianos ya pueden recibir visitas de sus familiares. Nuestra Madre también ha estado confinada, junto a ellos, un total de 77 días. Tampoco será casualidad que sean estos los días que Córdoba y sus cordobeses hayan estado alejados de su Madre. Sabemos lo que significa la cifra “siete” para la Señora, y es que son siete las espadas de dolor que traspasaron su corazón de Madre del Espíritu Santo.

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