“Ante ese sufrimiento, nuestro sacrificio de no estar en la calle como cofrades no es nada”


A continuación y dentro del taller de comunicación organizado por La Voz y la Delegación de Juventud del Ayuntamiento, les reproducimos el artículo de Juan Diego Vega-Leal Sánchez, joven de la Paz

Palio de la Virgen de la Paz y Esperanza./Eva M. Pavón
Palio de la Virgen de la Paz y Esperanza./Eva M. Pavón
Palio de la Virgen de la Paz y Esperanza./Eva M. Pavón Córdoba
Palio de la Virgen de la Paz y Esperanza./Eva M. Pavón

Dios nos ha llamado a vivir la Pasión de una manera distinta. No podemos dar testimonio de nuestra fe en la calle, no podemos llenar la ciudad de nuestra penitencia, de nuestra oración en hermandad. Nunca hubiéramos imaginado vivir una situación así, es como un reto, una prueba que nos invitar a reflexionar sobre el papel de los cristianos ante la adversidad. Lo primero, no puede ser de otra manera, es ofrecer nuestro oración por las personas que sufren este terrible crisis sanitaria, los que padecen la enfermedad y los que ponen en riego sus vidas por protegernos.
 
Ante ese sufrimiento, nuestro sacrificio de no estar en la calle como cofrades no es nada. Las circunstancias nos permiten vivir sensaciones diferentes. Rezar el Rosario en familia, la meditación del Vía Crucis por redes sociales, las misas y las charlas cuaresmales online, el Triduo Pascual por la televisión, los chats con los colegas del Grupo Joven…todo esto abre una nueva e íntima forma de vivir la Semana Santa.

Personalmente echo en falta de una manera especial en falta la Estación de Penitencia ante el Santísimo Sacramento en la Santa Iglesia Catedral en la tarde-noche del Miércoles Santo, lo que otorga el auténtico sentido a nuestra salida procesional, pero el poder de la oración en casa estos días reconforta en estos momentos, que, a pesar de todo, tenemos que vivir con esperanza. En la hermandad de la Paz, además, estamos viviendo un año especial. Cuando pase todo, viviremos aún con más ilusión y alegría la Coronación Pontificia de María Santísima de la Paz y Esperanza.

Por último, quiero citar un texto de la Encíclica ‘Evangelium Vitae’, del Papa Juan Pablo II en referencia al fortalecimiento de la fe en tiempos difíciles, que viene al hilo de lo que estamos viviendo estos días: “Vivir para el Señor significa también reconocer que el sufrimiento, aun siendo en sí mismo un mal y una prueba, puede siempre llegar a ser fuente de bien. Llega a serlo si se vive con amor y por amor, participando, por don gratuito de Dios y por libre decisión personal, en el sufrimiento mismo de Cristo crucificado. De este modo, quien vive su sufrimiento en el Señor se configura más plenamente a Él y se asocia más íntimamente a su obra redentora en favor de la Iglesia y de la humanidad”.

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