El percance del Cristo de la Expiración


La primera capilla que tuvo la imagen fue la que actualmente ocupa la Virgen del Rocío

Santísimo Cristo de la Expiración.
Santísimo Cristo de la Expiración. /Foto: LVC

Los montajes de los altares de cultos de las distintas hermandades siempre suponen un riesgo para las personas que suben a gran altura sobre una estructura que la mayoría de las veces no reunía las condiciones de seguridad necesarias. Afortunadamente son escasos los incidentes que suceden, muy pocos, y muchas veces no trascienden las puertas del templo, que a esas horas están siempre cerradas.

Santísimo Cristo de la Expiración.
Santísimo Cristo de la Expiración. /Foto: LVC

En muchos casos, los hechos desaparecen con el fallecimientos de los testigos, de no haber quedado rastro por escrito. La imagen del Cristo de la Expiración tuvo un percance de este tipo al poco de su llegada a San Pablo y la prensa sí se hizo eco del suceso, por lo que han llegado a nuestros días los detalles del suceso.

La iglesia de San Pablo, tal y como se conoce en la actualidad, abría de nuevo sus puertas al culto el 2 de agosto de 1902, tras unos años de reforma dirigida por el padre Pueyo para asentar en el templo a la congregación de los claretianos. Al poco de su apertura, llegaba la imagen de este crucificado desde la parroquia de San Francisco y San Eulogio, donde recibía culto en la capilla que actualmente ocupa la hermandad del Huerto.

La talla del Cristo de la Expiración fue colocada primeramente en la capilla del ábside del Evangelio, donde en la actualidad se encuentra la Virgen del Rocío y ahí permaneció durante un largo periodo de tiempo. Un año, con motivo del septenario que se le ofrecía en Cuaresma, bajo la advovación del Santísimo Cristo de la Expiración y Siete Palabras, sucedió lo que nadie quería que ocurriese y la imagen se cayó al suelo cuando era devuelto a su altar.

El golpe fue en la cabeza, concretamente en la cara, y afectó a ojos, nariz y cabellera. Aún no está fundada la hermandad y son los padres claretianos los que se encargan de la restauración. Con buen criterio, dejaron la imagen en manos de Mateo Inurria, el gran escultor cordobés que había colaborado con ellos en la reconstrucción de San Pablo. Al poco, la talla del Cristo de la Expiración estaba como si nada hubiera ocurrido.

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