Un sorteo, con dos yeguas de premio, de la hermandad de la Caridad


Las necesidades económicas de las cofradías han hecho que a lo largo de la historia se las hayan ingeniado de mil maneras

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Señor de la Caridad. /Foto: LVC

Las necesidades económicas de las cofradías han sido una constante a lo largo de la historia. Los libros de actas y de cuentas están llenos de ingeniosas ocurrencias con al finalidad de incrementar los ingresos. Las cuotas, la Cruz de Mayo, la Lotería de Navidad y la caseta de la Feria de la Salud pueden ser los principales ingresos en la actualidad, pero hace unas décadas, y unos siglos, había que sortear una gallina en la puerta de la iglesia con el objetivo de conseguir algún dinero.

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Señor de la Caridad. /Foto: LVC

Los grandes proyectos se financiaban gracias a las donaciones y pocos eran los que se acometían ‘a pulmón’ por las propias hermandades. Aun así, para el desenvolvimiento en el día a día había veces en las que la tesorería no llegaba y había que buscar el dinero donde fuera. 

Conforme avanzaba el siglo XX fue cambiando la situación y la consolidación de la subvención municipal hizo que, al menos, los gastos mínimos de la salida en procesión quedarán cubiertos. En esta misma época, si hacía falta dinero en una cuantía importante se recurría a la organización de un festejo taurino, ya fuera corrida o novillada, como lo hicieron las hermandades de las Angustias, los Dolores y la propia Agrupación de Cofradías.

Por esto sorprende que en el ecuador de la pasada centuria, la hermandad del Señor de la Caridad organizara un curioso sorteo con premios que parecen de otra época. Las necesidades económicas debían ser importantes, ya que puso en marcha una novillada y en el transcurso de la misma se haría el sorteo de la rifa, con premios valorados “en 40.000 duros”, como anunciaba la publicidad, a los que se podía optar con unas papeletas que se vendían al precio de dos pesetas.

El primer premio, el más llamativo, era un par de yeguas, cuya fotografía figuraba en la publicidad del sorteo. Además, el segundo premio era un par de mulas y a partir de ahí: un dormitorio, un comedor, una radio-gramola, dos camas niqueladas con sus colchas, una máquina de coser Alfa, una bicicleta de señorita, una bicicleta de caballero, dos cobertores de lana de matrimonio, una batería de cocina, dos jamones, dos colchas de cama de matrimonio y una muñeca andadora. Todos estos premios se expusieron en los días previos al sorteo en una caseta en la puerta de Gallegos.

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