El año del regreso de Ánimas

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La imposición del Ayuntamiento de un itinerario obligatorio causó malestar en varias hermandades

Santísimo Cristo de Ánimas.
Santísimo Cristo de Ánimas. /Foto: LVC

El año 1962 se puede considerar, junto con éste de 2020, como uno de los más negros en la Semana Santa cordobesa del último siglo. En aquel momento terminó el experimento iniciado dos años antes de trasladar la carrera oficial al perímetro de la Mezquita-Catedral. Y terminó de forma brusca.

Santísimo Cristo de Ánimas.
Santísimo Cristo de Ánimas. /Foto: LVC

El paso de las procesiones por la Judería había enfadado al sector del comercio y de la hostelería que, a su vez, presionó al Ayuntamiento para sacar algo de tajada y no quedarse a dos velas, con un público que se trasladaba masivamente al entorno del primer templo de la Diócesis. El Consistorio cedió y lo hizo con unas formas que no gustaron nada a algunas hermandades; entre ellas, las del Remedio de Ánimas.

El Ayuntamiento hizo pública una nota en la Semana de Pasión en la que ordenaba que junto a la carrera oficial se implantaba otra, llamada carrera obligatoria, que discurría por el centro comercial para satisfacción de tiendas y bares.

Faltaban muy pocos días para la llegada del Domingo de Ramos y aquel revuelo se saldó con el anuncio de tres hermandades de que no saldrían dicho año a la calle. La hermandad de la Esperanza dijo que nones, y la Misericordia hizo público un comunicado en el que se señalaba que la imposición del Ayuntamiento causaba “dificultades prácticas y económicas que le plantean algunos de los particulares contenidos en la misma, cuya solución resulta harto problemática al menos de una manera inmediata”. Ambas cofradías cambiaron de opinión y, finalmente, decidieron hacer estación de penitencia.

En cambio, la hermandad de Ánimas se mantuvo en sus trece y en su negativa a hacer ese doble itinerario. Esta decisión tuvo graves consecuencias en el seno de la cofradía de San Lorenzo, hasta el punto de que llegó a su disolución. Su cortejo faltó dos años a su cita con la Semana Santa, hasta que en julio de 1963 un grupo de jóvenes, entre los que estaba Manuel Laguna, reactivan la hermandad. Se les impone que entre la nómina de nuevos hermanos tenía que haber un porcentaje considerable de vecinos del barrio, algo que lograron, por lo que tenían la puerta abierta para volver a salir en procesión. En pocos días lograron más de 200 inscripciones.

El Obispado dio el visto bueno a la nueva junta de gobierno, encabezada por Ángel Trujillo, y en noviembre de 1963 celebraron su primer quinario, predicado por Antonio Noguer, párroco de San Francisco. Superado este bache, la hermandad de Ánimas recuperaría uno de los caminos mejor trazados de la Semana Santa cordobesa y que la ha convertido en una de las cofradías con una personalidad más acusada en Andalucía.

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