La hermandad de los escritores

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Pese a contar con la aprobación canónica del obispo, se disolvió a los pocos meses de vida

Imagen del Cristo de las Penas, en Santiago. hermandad cofradía
Imagen del Cristo de las Penas, en Santiago. /Foto: LVC

A lo largo de la historia ha sido frecuente la vinculación de cofradías determinadas, ya sean de penitencia o de gloria, con oficios concretos. Esta reminiscencia de origen medieval tenía su origen en la atención espiritual y social a quienes desarrollaban el mismo trabajo, que además solían vivir agrupados en barrios o calles, por lo que el componente geográfico también jugaba a su favor.

Imagen del Cristo de las Penas, en Santiago. hermandad cofradía
Imagen del Cristo de las Penas, en Santiago. /Foto: LVC

El paso del antiguo al nuevo régimen no acabó con esta práctica y se siguieron fundando hermandades por miembros de una misma profesión, y se pueden encontrar casos en toda España. En Córdoba, a los pocos años de terminada la guerra civil, se creó una cofradía de efímera vida por un grupo de jóvenes escritores y de personas relacionadas con la vida cultural de la ciudad, lo que le daba una personalidad interesante.

Conocedores de las tradiciones religiosas de la ciudad, eligieron el Cristo de las Penas, de la iglesia de Santiago, una imagen cargada de historia en torno a la cual no existía una hermandad, pese a la arraigada devoción que siempre gozó en su barrio.

El intento de estos jóvenes escritores llegó a contar, incluso, con la aprobación canónica del obispo, Adolfo Pérez Muñoz, pero la cofradía se disolvió a los pocos meses y tuvo que esperar a la próxima década para que las juventudes de Acción Católica pusieran en pie el proyecto que hoy es una sólida realidad.

De aquel conato cofrade poco, por no decir nada, ha llegado a nuestros días. Entre la escasa información que ha quedado está la relación de la primera junta de gobierno, en la que figura Rafael Martínez González, como hermano mayor. Como vicehermano mayor estaba Miguel Salcedo Hierro, profesor de la Escuela de Arte Dramático, autor dramático y lírico, varias veces pregonero y cronista oficial de la ciudad.

El cargo de secretario lo ocupaba el periodista Manuel García Prieto, que trabajó en Diario de Córdoba, Diario Liberal, La Voz, Radio Córdoba EAJ-24 y fue delegado en la ciudad del diario Informaciones. Publicó varios libros, uno de ellos dedicado al sargento Basallo, un héroe local en la guerra de Marruecos.

Como vicesecretario estaba Luis Melgar Reina, un pontanés residente en Córdoba, amigo de Ricardo Molina y autor de varios libros dedicados con el flamenco, su especialidad.

El archivero cronista, Isidro Osuna Blanco, también colaboraba con diversas publicaciones, entre ellas la revista ‘Fotos’. Además, en la nómina de esta primera, y última, junta de gobierno también estuvieron los hermanos García Caballero y el músico Ramón Medina Hidalgo, quien poco después se vincularía con el grupo Cántico y con la hermandad del Cristo de Ánimas.

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