Otro Viernes de Dolores en el altar mayor de la Catedral

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El fraile capuchino fue recibido como canónigo honorario con derecho a asiento en el coro catedralicio

Besamanos de la Virgen de los Dolores en 1949.
Besamanos de la Virgen de los Dolores en 1949. /Foto: LVC

Aunque la de hoy es la primera vez en la historia que el Viernes de Dolores se celebra en el altar mayor de la Catedral por el cierre de la iglesia de San Jacinto por culpa de la pandemia del coronavirus, ya hubo otra ocasión en el pasado en la que una gran función en el altar mayor del primer templo de la Diócesis honró en su día a la Virgen de los Dolores.

Besamanos de la Virgen de los Dolores en 1949.
Besamanos de la Virgen de los Dolores en 1949. /Foto: LVC

Fue el 7 de abril de 1786, Viernes de Dolores, y aquella mañana lucía la Catedral sus mejores galas para recibir como canónigo honorario a fray Diego José de Cádiz y a darle asiento en su coro. Este fraile capuchino recorría buena parte de Andalucía dedicado a unas predicaciones que congregaban a auténticos gentíos en cada uno de los pueblos y ciudades que visitaba. En el caso de Córdoba, al día siguiente de la ceremonia en la Catedral, el Ayuntamiento lo acogía como un capitular más, con asiento privilegiado tras el alférez mayor, ante el que hizo el solemne juramento y el pleito homenaje.

El beato Diego José de Cádiz era muy devoto de la advocación de los Dolores de la Virgen y, a la vez, conocía a la perfección a la imagen que en San Jacinto rendía culto la orden tercera servita por estar situada frente al convento capuchino en el que se hospedaba durante sus estancias en Córdoba. En aquel momento, la plaza de Capuchinos carecía de su elemento principal, el Cristo de los Faroles, que se bendijo en octubre de 1794 a instancia de este popular fraile.

De aquella predicación a la Virgen de los Dolores en el altar mayor de la Catedral guardó buen recuerdo fray Diego José de Cádiz. En una carta escrita una semana después afirmaba que “la misión de esta ciudad ha sido de un fruto muy extraordinario. Estas gentes se han esmerado en manifestar el aprecio que hacen de la palabra de Dios y para evidenciarlo han hecho expresiones muy extraordinarias, como son la de haberme incorporado, y dado silla en su coro, el ilustrísimo Cabildo de la Santa Iglesia Catedral, cuya posesión me dio el Viernes de Dolores en la función del día en que prediqué”.

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