Mantener una banda “cuesta 18.000 euros al año”

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Uno de los apartados más controvertidos durante los últimos años ha radicado en los precios por lo que se han ofrecido algunas formaciones

Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, dirigiendo a la banda de música del Saucejo./Foto: Jesús Caparrós bandas marcha
Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, dirigiendo a la banda de música del Saucejo./Foto: Jesús Caparrós
Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, dirigiendo a la banda de música del Saucejo./Foto: Jesús Caparrós bandas
Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, dirigiendo a la banda de música del Saucejo./Foto: Jesús Caparrós

El problema está latente, aunque todavía no haya dado la cara en toda su dimensión. Lo adelantaba Pasión en Sevilla con las bandas de ciudad vecina, pero el problema es global para la mayor parte de las formaciones musicales, ya sean agrupaciones, cornetas o de plantilla completa.

Y es que el primero de los nubarrones que se ciernen sobre las bandas ha radicado en la suspensión de conciertos y, sobre todo, de las procesiones de Semana Santa. Estas últimas son la principal fuente de financiación de las formaciones (a excepción de las que se benefician de algún tipo de mecenazgo). Y, si las de Sevilla sufren -cuando cuentan con algunas de las más potentes del panorama musical-, en el caso de Córdoba el contexto no mejora.

Señala un conocido músico de la capital cordobesa que “mantener una banda, en líneas generales, cuesta unos 18.000 euros al año”. Explicando que ese dinero va destinado a costear nuevos uniformes, pago del alquiler o hipoteca del local de ensayos, renovación de instrumentos, etcétera. Costes que, habitualmente, son elevados: un uniforme, por ejemplo, suele “costar como un traje de boda para un novio”. O sea, suele superar los 500 euros.

A ello hay que sumar que lo que resta de curso cofrade está, a buen seguro, perdido. Todo apunta a que la “vuelta a la normalidad” en cuanto a eventos sociles no llegará hasta verano y, desde ahí hasta el final del año, las procesiones no son las que más ingresos generan para las bandas y no la mayoría tiene una o dos actuaciones.

Mercado inflado

Uno de los apartados más controvertidos durante los últimos años ha radicado en los precios por lo que se han ofrecido algunas formaciones. En este sentido, se han dado casos de bandas -en todos los rincones de Andalucía- que han cobrado cantidades que podrían considerarse simbólicas, condicionando “claramente” el mercado. Mientras algunas de las grandes bandas también han hecho lo propio para acompañar a hermandades de renombre (ya sea por el de la propia hermandad o por el de la ciudad). Rebaja en el caché que se compensaba con otras cofradías de localidades distintas. 

Una tendencia -inflacionista y deflacionista- que está por ver si, a partir de ahora, será sostenible, cuando la mayor parte de las bandas están -en proporción- en una tesitura económica similar.

Mantener el “caché”

El precio que pone una banda por su trabajo tiene numerosas variables. Desde el “caché” de la misma, hasta la localización geográfica de la hermandad que solicita sus servicios , pasando por el día de salida (no cuesta lo mismo, por ejemplo, un Martes que un Jueves Santo). A esto hay que sumar, ahora, otra connotación y esta pasa por ver la merma económica que han sufrido las cofradías y hasta que cifras podrán llegar en los próximos años. La duración de la crisis será determinante, así como las prioridades que en adelante se marquen las distintas corporaciones. Pues el apartado asistencia deberá cobrar mucho más protagonismo, con toda seguridad.

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