La tradición de los altares domésticos

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La gracia de los mismos estaba más en la espontaneidad del montaje que en el valor de los objetos usados

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Antiguo altar doméstico. /Foto: LVC

Una de las señas de identidad más auténticas de la Semana Santa cordobesa es la instalación de altares domésticos, que a lo largo de la historia ha tenido sus altibajos, aunque, a decir verdad, nunca se han perdido. Consisten en la colocación de una imagen de especial devoción, ya sea Dolorosa, Crucificado o Nazareno, en una habitación que diese a la calle y que se adornaba con lo mejor de la casa, como si fuera una capilla efímera.

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Antiguo altar doméstico. /Foto: LVC

En su origen se colocaban estos altares para la noche del Jueves al Viernes Santo y se acompañaban en vela con el canto de saetas y la degustación de los dulces típicos de estas fechas, sin faltar el aguardiente de Rute. Suponía una transposición al ámbito doméstico de los monumentos que en esas horas quedaban en los templos hasta la celebración de los oficios del día siguiente.

Estos altares brotaban con profusión en los barrios más populares de la ciudad y la gracia de los mismos estaba más en la espontaneidad del montaje que en el valor de los objetos usados. Las colchas de damasco servían para tapizar las paredes, las mejores macetas adornaban la habitación y los encajes más destacados lucían sobre la mesa que hacía de altar, entre una profusión de cera que imitaba la de los altares de verdad.

Quien mejor retrata esta tradición cordobesa es Ricardo de Montis en sus ‘Notas cordobesas’, donde detalla cómo se celebraban en las décadas finales del siglo XIX. Es muy probable que en los inicios del siglo XX atravesaran un bache, ya que en 1924 el alcalde José Cruz Conde organizó un concurso dotado con un premio de 500 pesetas y del que formaron parte como jurado los hermanos Romero de Torres, como también lo hicieron de un concurso de saetas que se celebró ante la fachada del convento de la Merced.

Las clases acomodadas copiaron la idea con todo descaro y décadas después se podían ver estos altaritos en casas principales, presididos por imágenes de mérito y adornados por infinidad de piezas de plata, pero no era lo mismo.

Así, la Agrupación de Cofradías decidió en 1954 organizar otro concurso de altares domésticos en colaboración con la Comisión Municipal de Ferias y Festejos. Fieles a la tradición, las bases establecían el requisito de que fuesen visibles a través de puertas o ventanas y, como curiosidad, que “el domicilio donde se instale esté enclavado en zonas habitadas de la ciudad”.

Se establecían tres premios y dos accésit, siendo el primero de 1.000 pesetas, y el requisito de que se pudiesen visitar desde el Domingo de Ramos en horario de 20:00 a 22:00. Llama la atención que entre los requisitos figure que “será puntuable como mérito la presencia de cantaores que entonen saetas con letra cordobesa durante la visita del jurado”. 

Pablo García Baena tiene un artículo titulado ‘El cuarto de los santos’ en el que aborda este asunto al tratar de las imágenes devocionales que durante el año estaban en la estancia principal de la casa y que en la Semana Santa pasaban a presidir el altar doméstico.

Las interpretaciones que se hicieron de los documentos del Concilio Vaticano II causaron estragos en esta tradición como en otras tantas cosas. Literalmente llegaron a desaparecer después de haber arraigado como elemento distintivo de la Semana Santa de Córdoba y que cada año revivía gracias, precisamente a la hermandad del Vía Crucis. En la misma, la persona de Rafael Mariscal ha sido fundamental para que cada año el trayecto del Cristo de la Salud se encuentre engalanado con algo tan cordobés como es el altarito.

Ahora que vamos a tener una Semana Santa distinta a todas las que podamos haber conocido por culpa del coronavirus, es también desde la parroquia de la Trinidad desde donde ha partido la iniciativa de colocar altares domésticos durante este año. Su párroco, José Juan Jiménez Güeto, no sólo lo ha alentado desde las redes sociales, sino que desde las mismas, con su divulgación, demuestra el alto grado de seguimiento que ha tenido.

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