El obispo se centra en el pasaje de la Samaritana, porque todos “están llamados a entrar en el corazón de Cristo”

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La carta semanal del obispo de Córdoba lleva por título, ‘Él te dará agua viva’

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El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, impone la ceniza en la Catedral./Foto: Cabildo Catedral
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El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, impone la ceniza en la Catedral./Foto: Cabildo Catedral

“El tercer domingo de cuaresma nos presenta la escena preciosa de Jesús en diálogo con la Samaritana, que tiene como centro el agua viva. Qué bonito pasaje, qué delicadeza la del Señor al acercarse a esta mujer, sin remilgos y con todo respeto”. Con estas palabras ha comenzado el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, su carta semanal.

Bajo el título ‘Él te dará agua viva’, en la misiva el prelado ha recordado que “el agua tiene todo un significado simbólico en este y otros pasajes del evangelio. Es como la gracia de Dios, en cuya ausencia nos morimos de sed, y que Jesús ha venido a traer a raudales, sin agotarse, capaz de saciar a todo el que se acerque a beber de él”. Y es que, como señala monseñor Demetrio Fernández, “al acercarse Jesús a aquella mujer le pide agua para anunciarle un agua viva. Jesús no le reprocha nada, pero le recuerda su propia historia, una historia de desamor y desengaños. Ha tenido seis hombres, y ninguno ha podido saciar esa sed honda que el corazón humano siente de ser amado de verdad. La mujer al sentirse conocida y amada de una manera nueva, como nadie nunca la había amado antes, le pide a Jesús esa agua viva de la que su corazón está tan necesitado”.

En ese sentido, el obispo ha destacado que “aquella mujer descubrió a Jesús, como el que tenía que venir a salvar el mundo, y se hizo discípula misionera de Jesús”. Lo que  le ha llevado a hacer hincapié en que “fue a su pueblo y habló de Jesús a sus paisanos, habló de Jesús con entusiasmo, hizo partícipes a los demás de su propia experiencia de sentirse amada por Jesús. Y muchos creyeron en Jesús por el testimonio de la Samaritana y le pidieron que se quedara con ellos algún día”. De tal manera que, como ha subrayado el prelado, “para Dios no hay discriminación de hombre o mujer, unos y otros están llamados a entrar en el corazón de Cristo, experimentar su amor incondicional y ser testigos de ese amor ante los demás. Nadie nos ha amado nunca cómo nos ama Jesús, en cuyo corazón encontramos la misericordia abundante de Dios para nuestras vidas”. 

Monseñor Demetrio Fernández ha puesto, además, el ejemplo de Santa Teresa de Jesús, que se sentía muy identificada en este pasaje de la Samaritana. “Gustaba detenerse a contemplar este pasaje, donde Jesús nos ofrece un agua viva, que sacia los deseos más hondos del corazón humano, gustaba identificarse con esta mujer pecadora a la que Jesús sana con un amor redentor”. Por lo que ha incidido en que “la cuaresma no es simplemente un camino por el desierto árido de la penitencia. En este camino encontramos también oasis con agua abundante, en los que podemos reponer fuerzas para seguir adelante. Ese oasis es el corazón de Cristo, manantial abundante de Espíritu Santo, fuente de gozo y de salvación, perdón abundante para nosotros pecadores”.

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