Las cofradías como forma de poner en práctica la liturgia de la Iglesia


El sacerdote Florencio Muñoz repasa algunos ritos que llevan a cabo las hermandades en sus cultos y procesiones, algo que cree que está bien cuidado en Córdoba aunque advierte de algunos peligros

Acólitos en el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías, presidido por Nuestro Padre Jesús de la Sentencia./Foto: Irene Lucena
Acólitos en el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías, presidido por Nuestro Padre Jesús de la Sentencia./Foto: Irene Lucena

En cofradías todo tiene un porqué, un significado y forma parte en muchos casos de la liturgia que “es la expresión de la oración de la Iglesia, aquel rito exterior que simbolizamos y nos lleva a lo interior, al misterio, y en el que se ve reflejada la fe, la devoción, la oración”, explica Florencio Muñoz, vicerrector del Seminario San Pelagio y delegado de Pastoral Vocacional.

Y por tanto, aunque las hermandades tengan su orden y sus formas de hacer las cosas por tradición, no existe una liturgia cofrade, las cofradías no tienen liturgia propia sino que lo que llevan a cabo es la liturgia de la Iglesia. Eso no impide que sí exista “una exactitud o belleza litúrgica cofrade”, precisa Florencio Muñoz, ya que las cofradías “resaltan de forma más intensa la liturgia de la Iglesia que cuidan de forma muy especial y palpable”. Como ejemplo pone unos cultos en los que se realiza la procesión de entrada con cuerpo de ciriales e incensarios, algo que “es raro ver un domingo cualquiera en una iglesia”.

Y todo, recuerda este cura, tiene un sentido. “acompañar los ciriales al Evangelio, incensar el altar o el Pan y el Vino como signo de adoración” y al comenzar la Eucaristía se entra a la iglesia con solemnidad, “el sacerdote visibiliza la persona de Jesucristo”.

Pero este sacerdote advierte de que la liturgia “quedaría vacía si nos quedamos en los ritos externos sin saber por qué hacemos esas cosas”. En este sentido, se corre el peligro de rozar lo ridículo, que no sea un rito donde todo queda muy hermoso pero carente de sentido. Y otro peligro que cree que se corre es cuando se montan altares de culto donde el centro no es la imagen sagrada y se recarga quitándole protagonismo a esta. Asimismo, se debe cuidar la mesa de altar que es donde se celebra la misa y “no puede pasar desapercibida” ni tampoco se puede mover para montar unos cultos porque “es el lugar que está consagrado y donde se celebra el sacrificio de la misa”.

Así, hay que cuidarlo todo bien, desde los colores al uso de ornamentos, la preparación de la celebración y que quienes vayan a acolitar tengan formación y sepan qué es el misterio que están celebrando.

Y lo mismo que se deben cuidar el rito y los signos en una misa también en las procesiones. “Una procesión siempre la abre la cruz que es la que nos ha traído la salvación y nos va a llevar al cielo y escoltada por faroles o ciriales”. Delante del paso van los ciriales, pero “no es un error que una hermandad no los lleve, simplemente embellece más la procesión, ilumina el camino del Señor”. El sacerdote que acompañe puede ir en la presidencia con sotana o detrás del paso, en cuyo caso iría revestido con con roquete, estola y capa pluvial. Y respecto a las dalmáticas, señala que el Domingo de Ramos deben ser rojas, de Lunes a Miércoles Santo de color morado “porque es Cuaresma”, el Jueves Santo blancas por ser “el día de la Eucaristía”, el Viernes rojas o negras que también están permitidas, y el Domingo de Resurrección blancas.

El vicerrector del Seminario cree que si de algo pueden presumir las cofradías cordobesas es de que “cada vez se intensifica más la formación y los cuerpos de acólitos se están potenciando y los que salen saben lo que hacen”. En este sentido, cuenta Florencio Muñoz que “he vivido quinarios los últimos años y se cuidan las formas, el saber estar en el altar”, por lo tanto considera que “goza de muy buena salud la formación litúrgica y espiritual que se está dando en las cofradías de Córdoba”.

Esto, sin embargo, no impide que en alguna ocasión “nos contagiemos de influencias de otras ciudades y de modas” por ejemplo a la hora de vestir a las imágenes, apunta este sacerdote. Aquí entra en juego el uso de los colores, para lo que existen diversas teorías. Florencio Muñoz considera que a la Virgen y al Señor se le pueden poner diferentes colores “pero es adecuado tener en cuenta el tiempo litúrgico en el que estamos”. En este sentido, cree un error “vestirlo de blanco en Cuaresma cuyo color litúrgico es el morado”, aunque por otro lado explica que en Semana Santa podría ir de blanco por ser signo de realeza y pureza que el gran ejemplo lo encontramos en Cristo”.

Otro debate abierto siempre y en ocasiones encarnizado entre los cofrades es si las túnicas de las imágenes deben ser lisas o bordadas. Florencio Muñoz es de la opinión de que las dos son igual de dignas. Ante quienes ven un lujo en una túnica bordada cree que “no tiene que despreciarse porque se hace para que el Señor vaya lo más bello posible, pero si a la hermandad le gusta una lisa es lo mismo, porque donde tenemos que poner realmente el corazón es en el Señor y en la Virgen”. Así, prosigue, hay quien considera que la túnica bordada “es signo de la realeza y el sacerdocio de Cristo y otros con la lisa quieren significar esa humildad de todo un Dios que se hace hombre como nosotros, de manera que cualquiera de las dos son correctas”.

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