Los sellos cofrades


La aportación que hacía anualmente el Ayuntamiento era tan raquítica que llamarla limosna es todo un gesto de generosidad

Sellos pro Semana Santa.
Sellos pro Semana Santa. /Foto: LVC

Los tópicos, en la mayoría de las ocasiones, se arrastran de generación en generación y se elevan a la categoría de verdad absoluta cuando no responden a lo que realmente ocurrió. Un ejemplo lo tenemos en el motivo de la fundación de la Agrupación de Cofradías, sobre el que todos hemos repetido como papagayos que nació para organizar la Semana Santa en la calle, pero no fue así del todo.

Sellos pro Semana Santa.
Sellos pro Semana Santa. /Foto: LVC

Dicha organización podía ser algo mecánico, técnico si quieren, pero había algo más que había impulsado a los hermanos mayores a reunirse en un órgano con una sola voz y más fuerte frente a las instituciones. Ahora, con el paso del tiempo, se puede arrojar luz sobre la cuestión al comprobar que uno de los asuntos más importantes abordados en la primera Junta General de la Agrupación de Cofradías fue el de la financiación. A los cinco años de haber terminado la guerra civil, eso que algunos llaman nacionalcatolicismo era de lo más cicatero con las hermandades cordobesas. La aportación que hacía anualmente el Ayuntamiento era tan raquítica que llamarla limosna es todo un gesto de generosidad.

Los hermanos mayores necesitaban más recursos y se las tuvieron que ingeniar para lograrlos por otra vías y en esa primera Junta General de la Agrupación de Cofradías se tomó una medida bastante llamativa y que tuvo largo recorrido en el tiempo. Se trató de la emisión de unos sellos no oficiales que se vendían a particulares, empresas y organismos públicos para que en el correo acompañaran al franqueo ordinario. De este modo se lograba un dinerito a la vez que se difundía la Semana Santa por todos aquellos lugares a los que se mandaba una carta.

En aquella primera edición la tirada fue de 500.000 sellos y en cada uno de ellos salía una de las imágenes que en aquel entonces salían a la calle y que eran menos de la mitad de las que lo hacen en la actualidad. La medida, pese a los tiempos de penurias, fue acogida de forma más que aceptable y la Agrupación quedó tan satisfecha con el resultado que los sellos se estuvieron editando hasta la década de los 80 del pasado siglo, y estaban adaptados a su momento al ir a todo color y ser autoadhesivos.

Estos sellos pro Semana Santa fueron la primera iniciativa que puso en marcha la Agrupación de Cofradías para recaudar fondos “para la mayor brillantez de nuestros desfiles procesionales”, como se decía en la época. Con el paso del tiempo llegaron otras, como la organización de festivales taurinos, la venta los libritos de itinerarios o la cuestación que se realizaba cada Domingo de Ramos y para la que cada año se editaba un singular banderín que pronto se convirtió en un objeto de colección.

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