Daniel Cuesta, jesuita: “Salir en procesión es una manera de orar preciosa”


El autor del libro 'La procesión va por dentro' presenta esta obra, que profundiza en la espiritualidad cofrade, en el centro parroquial de la Trinidad en el marco de 'Los lunes del Via Crucis'

Daniel Cuesta, autor del libro 'La procesión va por dentro'. / Foto: JP
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Daniel Cuesta, autor del libro ‘La procesión va por dentro’. / Foto: JP

El centro parroquial Carmen Márquez Criado acogió este jueves la presentación del libro ‘La procesión va por dentro’, del diácono jesuita Daniel Cuesta Gómez. El acto, que fue organizado por la hermandad del Via Crucis del Santo Cristo de la Salud, contó con la participación del delegado diocesano de Catequesis, Adolfo Ariza, y de Juan José Jurado, miembro de la Real Academia de Córdoba. Más de medio centenar de personas se dio cita en el centro parroquial de la Trinidad en el que actuó como presentadora Rosa Quero, hermana del Via Crucis.

Daniel Cuesta Gómez, SJ nació en Segovia en 1987 y es cofrade de cuna, por herencia familiar. Con seis años salió en su cofradía y así lo hizo hasta que comenzó a formarse como jesuita con veinte. De esta manera, asegura que “mi acceso a Dios, incluso mi vocación y mi fe están muy mediadas por la experiencia de las cofradías” y es algo que siempre ha llevado muy dentro.

– ¿Por qué decidió escribir este libro?

– Desde que entré en la Compañía de Jesús hace doce años el mundo de las cofradías ha sido muy importante. Y hace unos años un jesuita me propuso: “¿Por qué no que escribes un libro que sea una especie de guía de cómo vives tú la Semana Santa? Porque hay quien desde fuera por desconocimiento desconfía un poco de la Semana Santa. Pues haz un libro en el que hables de tu experiencia como cofrade y que sea una ayuda para los cristianos que quieran vivir la Semana Santa en profundidad”. Y cogí el guante. En seguida me salió el título y reflexionando y viendo lo que ha sido mi experiencia salió este libro que está teniendo muy buena acogida y estoy muy contento con él.

– ¿Qué va a encontrar el lector?

– Es un libro que está dedicado a los cofrades pensaba yo al principio, pero también a los no cofrades. El lector va a encontrar una descripción del mundo de las cofradías, el cofrade se va a ver allí identificado, el que ha sido hermano de una cofradía va a encontrar anécdotas, historias que ha vivido. Hay gente que me ha dicho: “Me he emocionado cuando describes como se forma la procesión dentro de la iglesia”. Hay gente que me ha dicho: “Me he reconocido en esta anécdota de vida en comunidad”. La hermandad es 364 días al año y la cofradía un día en la calle, y para romper el tópico de que es solo la procesión me he centrado en la vivencia de hermandad. El libro tiene tres capítulos fundamentales. Uno sobre la vivencia de comunidad de la hermandad, otro sobre veneración a las imágenes y el acceso a Dios a través de ellas y el último es la procesión que es una síntesis entre la comunidad en la que está presente Jesucristo y las imágenes que nos llevan a Jesucristo.

– Y orientado a la espiritualidad…

– Sí, la espiritualidad como para hablar de una cosa profunda. La espiritualidad es la manera de acceder a Dios que tenemos las personas, es un concepto muy amplio y esto busca explicar cuál es la espiritualidad cofrade, qué acerca a Dios a un cofrade.

– ¿Qué caracteriza a esa espiritualidad frente a otras?

-Lo primero es que es muy amplia, difícilmente definible. Cabe gente de Iglesia con una vivencia más tradicional o menos, gente más creyente o menos, que reza de una manera o de otra, pero la caracteriza por un lado la vivencia de comunidad, encontramos a Cristo en los hermanos de la cofradía y eso nos lleva a los más pobres, que es la acción caritativa de las hermandades. Rezamos con imágenes, y estas nos llevan a Dios. Expresamos muchas cosas con nuestros sentidos, al besar a las imágenes, al venerarlas, al montar los altares y todo eso nos lleva a salir en procesión, que es una manera de orar preciosa. La peregrinación ha sido desde el inicio de las religiones como una manera de encontrarse con Dios muy fuerte. La procesión es una peregrinación que es caminar pero en silencio, meditando, acompañando a las imágenes y llevándolas a los demás.

– ¿Y qué hay de esto que dice en las hermandades y qué de folclore y aspecto meramente cultural?

– Hay de todo. Hay muchísima gente que vive su fe entregadísima y se encuentra con Dios de una manera muy fuerte a través de las hermandades y el libro es un poco un homenajea a todas esas personas que se dejan la piel por la hermandad y por crear comunidades cristianas, que a veces lo tienen difícil tanto dentro de la Iglesia como fuera. Hay gente que vive su comunidad cristiana en la hermandad con mucha hondura y luego hay gente que se acerca a Dios solo el día de la procesión pero me he encontrado con testimonios de mucha gente que podría parecer con una fe enfriada o alejada y te cuentan y dices: lo que viven ellos en la procesión, esto es tierra sagrada, por aquí pasa el Señor en esta vida una vez o dos o tres al año, pero aquí hay una experiencia honda de fe. Ahora, también hay mucho de folclore en las hermandades y también es otro objetivo al escribir este libro. Aunque parece que a veces el mundillo turístico y cultural nos absorbe y hay gente que quiere quitar lo cristiano para ir nada más a esta parte más turística y a veces nos vendemos a ellos, pues vamos a recuperar la esencia que es la fe cristiana.

– Quiere hacer usted que la gente que no es cofrade vea más allá del folclore.

– Que encuentren que en la hermandad hay mucho más allá de eso.

– Porque, ¿tiene sentido ser cofrade si no se tiene fe?

– Para mi es muy difícil porque para mí ser cofrade y tener fe van cogidos de la mano. Aunque conozco cofrades que dicen no tener fe pero luego les he visto con una emoción mirando a las imágenes que dices: crees que no tienes fe pero algo se remueve dentro de ti. Hay personas que te dicen que no tienen fe y viven en la hermandad, me resulta muy difícil de entender porque yo he vivido lo otro, pero sí, los hay, no sé si tiene sentido.

– ¿Y qué pueden hacer las hermandades para que estas personas lo vivan con más hondura?

– Nunca claudicar, la hermandad tiene que saber que es una comunidad cristiana y por el hecho de que haya personas que vivan en ella con menos fe no tiene que rebajar su contenido. Vamos a seguir siendo comunidad cristiana y ofreciéndoles lo que tenemos que es a Jesucristo y a la Virgen María, acogerles con amor, respetar y hacerse respetar y enseñarles.