Unos cultos, siempre muy esperados, en San Lorenzo


Desde los paños áureos hasta el rosa de la flor, el lienzo vivo de ángeles y arcángeles enmarcan a la Virgen de las Tristezas en una estructura monumental que habla de otro tiempo

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Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas./Foto: Irene Lucena
Iglesia de San Lorenzo./Foto: Irene Lucena

En el corazón de la Córdoba fernandina, la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir, guarda el vestigio de la huella del rey santo en la ciudad y lo actualiza. Tras el rosetón, la luz matiza las horas, barniza a las veneradas imágenes que atesora y guarda altares de cultos que son parte de la memoria colectiva de los cofrades de la capital.

Y así, durante este comienzo de Cuaresma, el altar mayor entroniza a la Virgen de las Tristezas. La titular mariana de la hermandad del Remedio de Ánimas se entroniza sobre un ara en la que el cuidado, el esmero y el detalle se hallan en cualquier punto de la arquitectura efímera de su retablo.

Desde los paños áureos hasta el rosa de la flor, el lienzo vivo de ángeles y arcángeles enmarcan a la Virgen de las Tristezas en una estructura monumental que habla de otro tiempo, de otras cuaresmas, de otra ciudad dentro de la propia ciudad, incardinada en el corazón del templo fernandino, de las catorce collaciones que conformaron la ciudad que conocemos. 

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