“El pecado, la tentación y la victoria”


El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, centra su carta semanal en la Cuaresma como "tiempo de gracia y de penitencia"

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Misa capitular de bendición e imposición de la ceniza en la Catedral./Foto: Cabildo Catedral
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Misa capitular de bendición e imposición de la ceniza en la Catedral./Foto: Cabildo Catedral

“Comienza la Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua, catecumenado para los bautizados y último tramo para los que van a recibir el bautismo en las fiestas de Pascua. Tiempo de desierto, de más oración, de ayuno y de limosna. Tiempo de gracia y de perdón, tiempo de misericordia”. Con estas palabras ha comenzado el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, su carta semanal.

Con la Cuaresma como centro de la misiva, el prelado ha recordado que “en este primer domingo se nos presenta el relato del pecado original. No es fácil dar una respuesta a lo que nos sucede personalmente y a lo que sucede colectivamente: queremos el bien y lo hacemos, pero también hacemos el mal, queriendo y sin querer”. Lo que le ha llevado a preguntarse, “por qué somos capaces de hacer el mal, si nos repugna, si no estamos hechos para eso. Dios ha revelado que en el origen está su mano creadora, de la que todo ha salido bien hecho. Dios ha creado al hombre libre y en el origen hay por parte del hombre una respuesta negativa, el pecado”. Y, en ese sentido, monseñor Demetrio Fernández, ha subrayado que “el pecado no tiene su origen en Dios, ni la muerte que es consecuencia del pecado. El pecado es hechura humana, y es hechura humana todo lo que de ahí se deriva”. 

Sobre “la dinámica de la tentación, de la prueba”, el obispo ha señalado que “se nos sugiere el mal, y sentimos cierta connaturalidad, nos atrae. Cada uno conoce sus puntos flacos, conoce sus debilidades. El enemigo también las conoce, y nos ataca por ahí. La gracia de Cristo es superior a esas debilidades y por eso tenemos que orar sin desfallecer”.

“En Cuaresma todo esto se activa especialmente. Por un lado, conocer cuáles son nuestras debilidades. Por otro, experimentar una vez más la gracia de Dios, que viene en nuestro auxilio. Y finalmente, combatir contra el enemigo, contra Satanás, para reforzar nuestras fortalezas y salir victoriosos en la lucha”, ha recalcado el obispo.Esto para animar a que “no nos asusten las tentaciones y las pruebas. De ellas, Dios quiere sacar mayores bienes para nosotros. Quiere hacernos conocer nuestras fortalezas y debilidades, quiere auxiliarnos con su gracia. Jesús ante las tentaciones salió victorioso, porque luchó ayudado de la fuerza del Espíritu Santo, y venció al demonio apoyado en la palabra de Dios”. 

Y es que, “la Cuaresma es tiempo de gracia y de penitencia. Hemos pecado, lo reconocemos. Por eso, acudimos a la misericordia de Dios, para nosotros y para los demás. Pedimos por los pecadores, entre los cuales estamos cada uno de nosotros, para que mirando a Cristo crucificado entendamos el amor de Dios, que es rico en misericordia”, ha finalizado el prelado.

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