Los palcos: otra forma de ver las procesiones


A lo largo de los últimos 80 años han cambiado en varias ocasiones de ubicación, según el trazado de la carrera oficial

Palcos de Semana Santa en la plaza del Salvador.
Palcos de Semana Santa en la plaza del Salvador. /Foto: LVC

La presencia de los palcos en la carrera oficial de la Semana Santa cordobesa son ya un elemento tan sustancias como siempre presto a generar polémica, sobre todo en los últimos años. No son, ni más ni menos, que un recurso que se ofrece a quien esté dispuesto a pagar por ello para que contemple el discurrir de las procesiones de una forma cómoda e ininterrumpida durante varias horas.

Palcos de Semana Santa en la plaza del Salvador.
Palcos de Semana Santa en la plaza del Salvador. /Foto: LVC

No siempre hubo palcos en la Semana Santa de Córdoba. Varias generaciones de cordobeses recuerdan cómo desaparecieron durante la Transición y después volvieron con fuerza en 1996. Pero el inicio tampoco es tan antiguo como se pudiera suponer. La primera noticia que se tiene de los mismos se remonta a 1940, cuando la Comisión de Cofradías -faltaban cuatro años para la fundación de la Agrupación- solicitaba al Ayuntamiento la instalación de tribunas en la fachada del Ayuntamiento “desde las cuales el público pueda presenciar cómodamente el desfile de las procesiones”. 

Ésta era la primera Semana Santa en la que tras la segunda república y la guerra civil se recuperaba la tradición y, como tal, la colocación de sillas en la calle Claudio Marcelo y en la calle de la Feria que eran gestionadas por los ancianos acogidos en el Asilo Municipal de Campo Madre de Dios.

En aquellos años, los ingresos de las hermandades eran bastante menguados. En 1944 echa a andar la Agrupación de Cofradías y una de sus primeras medidas fue la puesta en marcha del denominado sello pro-Semana Santa que se adquiría para acompañar al franqueo oficial en un correo postal que en la época era bastante frecuente.

Entre los primeros acuerdos adoptados por una Agrupación aún en pañales figura la ampliación de los palcos a las dos aceras de la actual calle Capitulares, a la parte alta de Claudio Marcelo, en la acera del instituto, y en la plaza de las Tendillas. Las hermandades invertían unas siete mil pesetas en materiales y mano de obra para un beneficio de 30.000 pesetas. En este negocio quiso meter mano el Ayuntamiento, pero las cofradías plantaron cara.

La primera propuesta de modificación de los palcos llega en 1957, cuando se empieza a barajar el traslado de la carrera oficial a la Catedral, algo que no se consumaría hasta 1960. La propuesta, que fue la que finalmente se llevó a cabo, fijaba la instalación en “las lonjas de la Catedral”, así como en la fachada del Ayuntamiento.

Lo que viene a continuación es bien conocido: con el regreso de la carrera oficial a la plaza de las Tendillas, los palcos vuelven a ésta, así como a Claudio Marcelo y Gran Capitán hasta que se suprimen a finales de los 70, en el mandato de Rafael Zafra al frente de la Agrupación.

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