“Llegará un día que en lugar de las hermandades contratar a las bandas, las bandas contratarán a las hermandades”


La hermandad de la Buena Muerte celebra su mesa redonda sobre la singularidad de las cofradías

Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla hermandades
Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla
Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla
Mesa redonda organizada por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: Francisco Patilla

El salón de actos del centro cultural San Hipólito de la capital cordobesa acogía este jueves una mesa redonda en la que, organizada por la hermandad de la Buena Muerte, participaban el hermano mayor del Gran Poder de Sevilla, Félix Ríos; el delegado del Jueves Santo del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla y antiguo hermano mayor de Montserrat, José Haldón; el diputado de cultos de la hermandad del Baratillo y miembro de la Junta Consultiva de la hermandad de Pasión, Eduardo Salvador de Andrés Rodríguez; el hermano mayor de la hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba, Enrique León; así como el máximo responsable de la cofradía de la Paz y Esperanza de la capital, Enrique Aguilar.

En una amplia tertulia en la que se abordó la singularidad de las cofradías, los participantes también abordaron el momento actual por el que atraviesan las hermandades. En este sentido, León señalaba que “vivimos un proceso histórico de falta de verdad”. Y destacaba que, “actualmente en Córdoba, hay una crisis profunda en el seno de nuestras hermandades”. Esto recordando que las hermandades en la década de 1980 eran consideradas en los barrios como “cristianos de tercera” y ahora hay un boom que, a su juicio, alcanza cotas casi desmedidas.

Un apartado al que Ríos aportó que, “a veces, conviene deformar la realidad hasta sus extremos más grotescos para intuir pistas”. El hermano mayor del Gran Poder puso un ejemplo muy esclarecedor, al desvelar que “hay un concierto de una banda, con un auditorio de 2.000 personas, y en un momento determinado como cierre tocan una marcha y sacan al escenario a unos figurantes y escenifican al misterio al que la banda acompaña”. 

“Llevándolo un poco al absurdo llegará un día, si esto sigue por este camino, que en lugar de las hermandades contratar a las bandas, las bandas contratarán a las hermandades… déjame a tu Cristo que este fin de semana tengo un bolo por ahí y te lo devuelvo el lunes. Lo llevo al absurdo, porque nos demos cuenta”, sentenció Ríos. 

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