El obispo anima a “Sed santos, sed perfectos”


La carta semanal de monseñor Demetrio Fernández incide en que “podemos decir que en este mandamiento del amor a los enemigos Jesús nos resume la quintaesencia del Evangelio”

obispo Demetrio
Monseñor Demetrio Fernández. / Foto: Diócesis de Córdoba
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Monseñor Demetrio Fernández./Foto: Diócesis de Córdoba

“El evangelio de este domingo continúa el Sermón de la montaña, donde Jesús va interiorizando los preceptos de Dios. Donde se dijo ama a tu prójimo y aborrece a tu enemigo’, Jesús nos enseña a poner la otra mejilla cuando te abofetean en una de ellas. Es decir, no sólo no respondas con el tono con que has sido ofendido, sino que no hagáis frente al que os agravia”. Con estas palabras comienza el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, su carta semanal. 

En la misiva, el prelado destaca que “esta doctrina no la ha enseñado nunca nadie más en toda la historia de la humanidad, es una enseñanza original de Jesús”. Por lo que, como explica monseñor Demetrio Fernández, “mirarnos en el espejo de Jesús puede resultar decepcionante, si ponemos la fuerza de nuestra santificación en nuestro esfuerzo y en nuestras capacidades”. En este sentido subraya que, “cuando planteamos las cosas desde nosotros, malo es si no alcanzamos lo que pretendemos, pero peor aún si lo alcanzamos. En el primer caso, nos viene el desánimo y la desesperanza; pero cuando lo conseguimos, fácilmente nos lo atribuimos a nosotros y a nuestra capacidad, y brota espontánea la soberbia y el orgullo”.

Ante ello, el obispo recalca que “el planteamiento ha de ser siempre desde Jesús, que nos ha prometido su Espíritu Santo como el que irá modelando nuestro corazón al estilo del corazón de Jesús. El agente principal, por tanto, de este camino a la santidad, de este camino de parecernos a Jesús es el Espíritu Santo”.

“En el fondo, Jesús está haciendo un autorretrato de su propia vida. Eso es lo que él ha hecho siempre. De su corazón no brota nunca el odio ni la venganza. De su corazón sólo brota el amor. Y nos pone a su Padre Dios como referente, dándonos su Espíritu Santo como acompañante y abogado permanente”, señala el obispo en la parte final de la carta semanal. En la que también hace hincapié en que “podemos decir que en este mandamiento del amor a los enemigos Jesús nos resume la quintaesencia del Evangelio, que consiste en tener a Dios como Padre y en tratar a todos como hermanos, hijos del mismo Padre. Y puesto que todos somos limitados y pecadores, en la convivencia de unos con otros es necesario el perdón continuo, pedido con humildad y ofrecido con generosidad”.

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