El Fraile de María y el Imaginero de la Virgen


A continuación, les reproducimos el artículo realizado por Rafael Cuevas Mata

Besamanos de 1974./Archivo Rafael Cuevas

(Rafael Cuevas). Las tardes ya son de saquito y café en la calle, de cielo coral saliendo por la Puerta Sevilla y de repelús al entrar en las iglesias que mantienen sus piedras frías hasta que el estío las caliente. Tardes de idas y venidas por la calle San Pablo, con papeletas de sitio en mano y bolsas de túnicas, con olor a verde al pasar por Orive y olor a dulce al cruzar el Realejo. Todos los años igual, y todos los años diferente. La ciudad, esta ciudad sobria, seria, tan suya, tan regia, tan difícil de llevar para quienes aún la amamos, parece despertar de un año en el que han caído demasiadas hojas al suelo, un año en el que hemos perdido más que ganado, más de trescientos días en los que ya no habrá aliento a los brotes verdes que cada primavera florecen por primera vez y empaparnos de belleza. 

Esa fuerza, ese aliento, es el que nos llegaba de Fray Ricardo de Cordoba. Desde sus primeros años cono fiel incansable de esta ciudad y su Semana Santa, ha ido conduciendo a todo aquel que se le acercaba con una ilusión, con una idea, con una locura que nadie como él, por muy estrambótica que pareciese, llegaba a hacer realidad. Sin medios, sin nada a cambio, sólo una exigencia: La belleza y el posterior mimo y cuidado que aquello necesitaría para llegar al pueblo hasta hacerlo suyo. Nos enseñó a querer a la Virgen de una manera cercana, afable, maternal y muy andaluza, llenando los retablos y capillas de vírgenes bellas que completaban el devocionario cordobés anclado en el tiempo y con pedestal de plata, inalcanzable a veces, encabezado por las tres grandes: Dolores, Angustias y Soledad. Fray Ricardo de Córdoba es “el Fraile de María”, y cuando pongamos nuestros ojos cada mañana en dos de las imágenes que gracias a él veneramos y que presiden nuestra mesita de noche, será como asomarnos al balcón de la eternidad, a través del cual, él nos estará mirando, regañando y gritando (¡como siempre nos hacía!): ¡Rafalín, dale un beso a mamá! 

Luis Álvarez Duarte y Fray Ricardo de Córdoba./Foto: Aguilera

Y de esas hojas que este año han caído para no volver a florecer, está quien supo ponerle manos, ojos, cuerpo a las ideas, anhelos y amores de los cofrades de esta ciudad, y de la mano del fraile. Con Luis Álvarez Duarte podemos hablar del “nescio quid” de San Agustín, heredado del poeta Petrarca, del “no se qué”, ese aura sagrada, esa unción que posee todo aquello que salió de sus manos y que, casi sin necesidad de ser bendecido, ya desprende una impecable y rigurosa sacralidad. Rafael Zafra, en su Pregón de la Semana Santa de Córdoba ya lo nombró como “el Imaginero de la Virgen” porque desde que la Virgen del Rosario llegó a San Pablo el concepto de imaginería mariana cambió para siempre en Córdoba. 

Y las tardes seguirán creciendo, y el calor abriendo las flores de esta milenaria Cordoba y el sol seguirá escurriéndose cada tarde por las losas de mármol de San Pablo, dibujando una filigrana cordobesa, como si fuera el interior de un sagrario cuajado de piedras de colores que guarda la prueba de que todo esto ha existido: La Virgen del Rosario es la señal de que ellos, el Fraile de Maria y el Imaginero de la Virgen, estuvieron algún día entre nosotros.

1 Comentario

  1. Magnifico glosario de la figura mas importante de la SEMANA SANTA de Córdoba …Ricardo Olmo ….FRAY RICARDO DE CÓRDOBA …siempre en el recuerdo de los buenos cofrades .

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