Joaquín de Velasco regala alta literatura a la Virgen de la Luz


El exaltador de la Virgen de la Luz regala un pregón lleno de detalles

Joaquín de Velasco./Foto: LVC
Joaquín de Velasco./Foto: LVC
Joaquín de Velasco./Foto: LVC
Joaquín de Velasco./Foto: LVC

“Mi Señor crucificado, / que en silente madrugada / de luna de amor preñada / vas redimiendo el pecado, / no me niegues tu mirada”. Con estos versos comenzaba Joaquín de Velasco la segunda Exaltación a la Virgen de la Luz, titular letífica de la hermandad del Resucitado.

Un pregón cargado de lírica en el que el exaltador también tuvo versos hermosos y tibios para su presentadora, Irene Gallardo; para el cartelista de la hermandad de 2020, Julián Urbano; para las autoridades presentes y para la cofradía que organizaba el acto.

La mistagogia de la luz ocupó la primera parte de la exaltación y dejó muestra de los profundos conocimientos de Joaquín de Velasco: “Volved ahora el rostro hacia esta bendita imagen de la Virgen de la Luz. Tan humilde y bella, tan cercana… venturosa la hora en la que fray Juan de la Concepción la tallara. Durante siglos, la Virgen de la Luz ha sido faro de la devoción de la buena gente de Santa Marina. Durante siglos recorrió sus calles envuelta en oraciones por la Candelaria, y acompañó al Resucitado el domingo glorioso en que la Luz vuelve a iluminar el mundo. Faro de devoción que hoy resurge glorioso y triunfal de vuestra mano. Mirad con qué gracia sostiene en la derecha un cirio que simboliza su advocación”. Un apartado que remató con estos magníficos versos: “María es la perfecta Eva, / la que no rozó el Malvado. / María es la Llena de Gracia. / María es el primer sagrario. / La que dio al mundo su Luz, / la que lo sostuvo en brazos, / la que acarició su rostro / con esas benditas manos, / y en Caná de Galilea / medió en su primer milagro. / Es la rosa sin espinas, / el más oloroso nardo, / el más perfecto clavel, / el lirio más puro y blanco, / el azahar florecido / del  patio de los naranjos, / que embriaga las madrugadas / de ruan negro y esparto. / Ella es la Madre de Dios, / concebida sin pecado. / La que media por sus hijos, / la que consuela los llantos, / la que fue asunta a los cielos, / la que reina allá en lo alto. / Es la virgen de la Luz, / Miradla y enamoraos”.

Jóvenes, luz del mundo 

La segunda parte del pregón de Joaquín de Velasco reconoció “la ejemplar hermandad del Resucitado asumió la venturosa y valiente misión de restaurar el culto a Nuestra Señora de la Luz, quiso que su protección se extendiera especialmente sobre la juventud”. Y los animó a buscar “siempre a María, y llegad por Ella a Jesús. “Comparte, joven hermano / conmigo tu rebeldía, / que yo no olvide ese día /-que ya se antoja lejano- / en que yo la sostenía”.

“Y en nuestro sueño, tras el Divino Infante, vendrá su Madre. Que por la bendita generosidad de su hijo en el Calvario es también madre nuestra. Y con los últimos rayos de la tarde, se hará la Luz en el barrio de los piconeros.  Luz en su mirar. Luz que busca a quien le reza. Luz que ilumina los corazones, y torna el llanto en Esperanza”, señalaba Joaquín de Velasco en ‘El sueño de la luz’, que ocupó la parte final de una aplaudida exaltación: “Madre de la juventud, / vida, dulzura, esperanza, / causa de nuestra alegría, / hermosura soberana. / Eres torre de David, / Y fuente de la que manan / Misericordia y amor, / las más cristalinas aguas / Y  todo el barrio te reza, / y te espera, Madre amada. / Que quiere ver esa luz / y la gracia que derramas”.

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