El año en que las cofradías perdieron a dos referentes

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En los meses de mayo y septiembre fallecían Fray Ricardo de Córdoba y Luis Álvarez Duarte

capuchinos cofradías Fray Ricardo en una imagen de archivo./Foto: Álvaro Córdoba
Fray Ricardo en una imagen de archivo./Foto: Álvaro Córdoba
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Fray Ricardo./Foto: Álvaro Córdoba

En apenas unos meses, 2019 se convertía en un año paradigmático para la Semana Santa de Córdoba. Y es que, desafortunadamente, dos de sus grandes nombres decían adiós en poco espacio de tiempo. Fray Ricardo de Córdoba y Luis Álvarez Duarte vestían de luto a las cofradías, si bien dejaban un legado tras de sí que es el mejor testamento posible.

Y es que, como recordaba en La Voz de las Cofradías el que fuera presidente de la Agrupación de Cofradías y hermano mayor de la Expiración, Rafael Zafra, “el primer cofrade con el que Ricardo tuvo una relación fuerte fue conmigo”. Este relataba que, fue “una tarde que venía de una de Córdoba -de la que no voy a decir el nombre- en la que había sido rechazado en sus planteamientos cofrades. Me felicitó por cómo llevaba la hermandad y me preguntó qué quería hacer”.

“Y le dije quiero hacer una Virgen, pero no doy con el imaginero apropiado. Él me habló ya de Luis Álvarez Duarte y ahí empezó la relación de Ricardo y mía, que ha durado todos estos años. Y también la amistad con Álvarez Duarte. Creo que acertamos porque, en cuanto Luis hizo la Virgen, vino uno detrás de otro”.

Un legado eterno

Imagen de archivo de Luis Álvarez Duarte y Rafael Soto, ante el Cristo de la Providencia./Foto: LVC

Luis y Fray Ricardo dejaron una de las historias menos conocidas, pero más descriptivas de una época, que les narrábamos en La Voz. Como explicaba el cofrade del Amor y reconocido artista cordobés, Rafael Cuevas, la figura de fray Ricardo “fue decisiva para que la Encarnación llegara a Córdoba”. Estamos en la década de 1970 y el capuchino indica al por entonces hermano mayor del Amor, Francisco Vázquez Vacas, que está siguiendo el trabajo de un joven imaginero, que apunta a gran escultor. Por carta, le envía uno de sus trabajos. Se trata de una Virgen, fotografiada en blanco y negro que, a la postre, va a ser conocida como Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada. La instantánea es parte del primer reportaje que se hizo a la hermosa imagen de San Pablo, por el sevillano Fernand. Los cofrades del Cerro quedan prendados y, más aún, como relata Cuevas, cuando ven la obra mariana sobre la que está trabajando en ese momento. Una imagen de gran personalidad y diferente al modelo de Virgen niña de Luis, María Santísima de la Soledad.

Una vez tomada la decisión, el concepto de María Santísima de la Encarnación es claro: “Una mujer del barrio, trabajadora, que tiene que cruzar el puente”, explica Cuevas. De ahí, su tez morena y, otra curiosidad, la Virgen lleva un moño tallado, al estilo del lienzo que pintara Julio Romero de Torres. Sin embargo, restaba una decisión por adoptar, qué advocación ponerle. En dicha tesitura, Juan Mata va a visitar una mañana a fray Ricardo al convento de Capuchinos y, paseando por el claustro, al sonar las campanas, el fraile le indica a Mata que se disponga a rezar el Ángelus. Al término del rezo, Ricardo exclama: “¡El Ángel del Señor anunció a María! Mata, ya tenemos nombre, ¡Encarnación! Se llamará Encarnación!” 

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