Cursillos de Cristiandad: una oportunidad para profundizar en la fe y sentir la vocación

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Cursillos
Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
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Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Este 2019 el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) ha celebrado el 70 aniversario del primer Cursillo, que se celebró hace siete décadas en Mallorca, y que desde entonces no ha parado de crecer a nivel global, así como de estar en permanente vigencia y actualidad para miles de católicos.

En el caso de Córdoba, ya son más de un millar los Cursillos que se han celebrado y que tienen a la Casa de San Pablo, como epicentro del conocimiento, crecimiento y madurez de la fe. Así lo subrayaba a La Voz el sacerdote Manuel María Hinojosa Petit, quien además de ser canónigo de la Catedral de Córdoba y estar estrechamente relacionado con realidades eclesiales tan indispensables como Cáritas Diocesana, tiene una unión muy especial con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. No en vano, Hinojosa Petit es viceconsiliario nacional del MCC.

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Manuel María Hinojosa Petit./Foto: Jesús Caparrós

Y, cuando se cumplían 70 años del primer cursillo, el presbítero aseguraba que “en mi vida sacerdotal Cursillos ha sido y es mucho, casi todo, no entiendo ni se explica mi sacerdocio sin la referencia a Cursillos que ha sido una experiencia y presencia íntimamente unida a mi vida sacerdotal”.

En ese sentido, Hinojosa Petit manifestaba que “un dato histórico es que de los 70 años que estamos celebrando del primer Cursillo en el mundo, yo llevo viviendo 54 años profundamente vinculado a Cursillos en nuestra diócesis, a nivel nacional e internacional”. En consecuencia, “han sido miles de personas a las que he anunciado la alegría del Evangelio, a las que he acompañado en su proceso de encuentro con el Señor, a quienes recuerdo cada día en mi oración y de quienes yo he recibido amistad sincera, compañía fiel, gratitud generosa”.

Vocación

El MCC ha sido durante estas siete décadas una oportunidad para profundizar en la fe y sentir la llamada del Señor. Este era el caso del, recientemente ordenado diácono, Javier Solaz. En una entrevista concedida a La Voz de Córdoba, el seminarista desvelaba que “descubro la vocación cuando vengo a estudiar a Córdoba. Estudié la Licenciatura de Administración de Empresas en ETEA y, en tercer curso, estudiando una asignatura de libre configuración que nos daba un sacerdote jesuita, leyendo el Evangelio tuve un recuerdo de años atrás, cuando estudiaba en los Salesianos de mi pueblo, Pozoblanco, de dos sacerdotes que venían a vernos a clase a preguntarnos si alguno sentíamos la llamada de Dios. A mí con 20 años me viene ese recuerdo y pienso que es el Espíritu Santo quien pone ese recuerdo en mí, porque quiere decirme algo. Tengo la certeza absoluta de que el Señor me está llamando para ser sacerdote. Ante esa revelación uno siente miedo, como temor”. 

En ese momento, Solaz confesaba que “no se lo digo a nadie, ni con mis padres, ni con mi mejor amigo, ni con mi cura. Es algo que guardo en secreto durante muchos años”. Pero “termino la carrera, me pongo a trabajar y sentía un vacío interior ante esa llamada. Y es a partir de hacer el Cursillo de Cristiandad, en la Casa de San Pablo, que noto que el Señor me llama con más fuerza. A raíz de ahí, el Señor me va poniendo señales, personas, mensajes y en poco más de dos años acabo dejándolo todo (el trabajo y la vida que tenía) y entro al Seminario”.

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