Mario González: “Tuve muy presente ese día que no era solo una alegría mía o de mi familia y mis amigos, sino que alegraba al Señor”

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Mario
Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero
Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

Mario González, junto a Javier Solaz, era ordenado como diácono en la Catedral el día de la festividad de la Inmaculada Concepción, por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. Un momento, sin duda, inolvidable para ambos seminaristas. En la siguiente entrevista, Mario repasa lo sentido aquella jornada, la experiencia que está viviendo en el Seminario y de cómo sintió la vocación e ingresó en el Seminario tras finalizar la carrera de Matemáticas. No pierdan detalle.

-¿Cómo fue el día de la ordenación?

Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

-Ese día no se me va a olvidar a mí nunca, porque después del nacimiento de mi hermana es el día más importante de mi vida. Lo he dicho varias veces, pero ahora se hace realidad un sueño, que no es mi sueño solamente, sino que para mí el sueño de Dios. Tuve muy presente ese día que no era solo una alegría mía o de mi familia y mis amigos, sino que yo era la alegría de Dios ese día, alegraba al Señor. A la persona a la que amas la haces feliz, pues ese día fue importantísimo.

-Ha pasado una semana, ¿ha notado algún cambio?

Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

-Hay muchos cambios (risas). Por las mañanas, me levanto y cuando abro el armario y me pregunto a ver qué me pongo hoy. Abro y no me acostumbro, porque esto de llevar el alzacuellos impresiona mucho. Pero el cambio que he notado más es que soy consciente de que yo soy del Señor. Mi hermana me ha dicho que (soy) como un hombre casado. No te perteneces. En el fondo es que tu vida ya sin el otro no tiene sentido. Ya sé que, para toda la eternidad, mi vida está unida a la de Cristo de una forma mucho más íntima y eso se nota en el día a día.

-Para quienes lo desconozcan, qué diferencias hay entre ser seminarista y diácono.

-Nosotros ya no solamente ayudamos, sino que además somos un canal de Gracia, que a nosotros Dios nos escogió para hacerse presente en el mundo de una forma mucho más fuerte que en el resto de cristianos.

-Ya es diácono y el siguiente paso es la ordenación sacerdotal.

Mario
Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

-De momento, asumiendo la de diácono. Es verdad que nosotros no somos diáconos permanentes, sino transitorios. Me está sirviendo para saber que la clave en la que tengo que vivir el sacerdocio es esta, desde el servicio. No pensar que por ser sacerdote eres más y tienes más derechos que nadie. Sino al contrario, tu vida está llamada a darse. Que tu vida ya no se va a entender sin Dios y ya no se va a entender sin los demás. Entonces, tú estás para servir a los demás. Y creo que esa es la clave del diaconado transitorio.

-Para quienes lo vemos desde fuera, cómo es la vida en el Seminario.

Mario
Javier Solaz y Mario González./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

-Hay gente que nos dice, por qué os vais a un sitio siete años, cuando luego vais a vivir en mitad del mundo, de la sociedad. El secreto que, en mitad de un horario muy exigente, es mucho más fácil encontrar al Señor. Como las novias, necesitan un tiempo solo para ellos, pues tú un tiempo dedicado solo al Señor. Porque luego es posible que, cuando sales en vacaciones o seamos sacerdotes si Dios quiere, el mundo te come un poco y la relación con el Señor se ve afectada. Lo que hacemos es, en mitad de todos estos estudios, encontrarte con el Señor. 

“Me quedo on esos momentos en que lo he pasado mal, pero siempre ha habido alguien que ha sido para mí como una caricia de Dios”

-¿Cómo llegó al Seminario, cómo sintió la vocación?

-Es una vocación desde chiquitito. Con ocho años y me preparaba para la comunión, me explicaron que el pan dejaba de ser pan y se convertía en el cuerpo de Cristo. Y yo quería ser un superhombre. Pero eso que sentía fui creciendo y tenia experiencias, lo normal de los jóvenes de hoy, pero veía que eso no era lo mío. Siempre se me quedaba un regusto a vacío, hasta que al final fui a dar el paso con 17 años. Mi madre se puso enferma, mis padres se separaron y me tuve que poner a estudiar la carrera y en mitad de los estudios se solucionó todo y conocí a un sacerdote que tenía una asociación y me ayudó mucho. No solo el sacerdote, sino también la asociación, el carisma. Fue el que me dijo, si quieres puedes irte a Jaén, pero yo conozco mejor el seminario de Córdoba. Así que por eso estoy aquí.

-De todos estos años en el Seminario, su mejor recuerdo…

Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

-Los momentos que recuerdo con más cariño son los que he sufrido, porque siempre ha habido alguien al lado. Esto no es fácil, pero vas viendo que Dios siempre te va poniendo a alguien. En muchos casos son los formadores, pero en muchísimos casos, Dios te va poniendo hermanos al lado. Sufrir con los hermanos al lado, eso une mucho. Con los amigos también, al final cierras la puerta de tu casa y el amigo se queda en su casa. Pero aquí vivimos. Me quedo on esos momentos en que lo he pasado mal, pero siempre ha habido alguien que ha sido para mí como una caricia de Dios. Y, por destacar un momento, fue la visita al Cotolengo, una residencia de disminuidos en la que estuvimos una semana y a mí me cambió radicalmente. Que estuve también con los seminaristas.

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