Jesús Caído, repuesto al culto en San Cayetano


"Las fisuras se deben a algún movimiento con la imagen y la propia dilatación por los cambios de temperaturas"

Caído./Foto: Irene Lucena
Caído./Foto: Irene Lucena
Caído./Foto: Irene Lucena
Caído./Foto: Irene Lucena

La venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Caído ya se encuentra de nuevo en la iglesia conventual de San José (San Cayetano). Así lo ha anunciado la hermandad del Jueves Santo, que ha indicado que “durante la tarde-noche de ayer (martes) se trasladó a Nuestro Padre Jesús Caído de nuevo a su capilla en la iglesia de San Cayetano tras unos días en el taller del restaurador Enrique Ortega”.

La cofradía ha puesto de manifiesto que, la intervención de Ortega (Regespa) “se inició a raíz de unas pequeñas grietas y manchas surgidas en la pierna de Jesús Caído y en el torso”. Y, “según el restaurador, las fisuras se deben a algún movimiento con la imagen y la propia dilatación por los cambios de temperaturas; la mancha en la pintura vendría dada por algo de humedad”. Si bien, se ha subrayado que “el proceso ha sido rápido y apenas ha tenido repercusión sobre la imagen”.

Cabe recordar que la imagen de Jesús Caído ya fue restaurada por el propio Ortega, entre 2016 y 2017. Los trabajos que se realizaban sobre la talla del siglo XVII consistían en una limpieza de las policromías anteriores. A principios de la década de 1980, Miguel Arjona llevó a cabo una intervención, que era uno de los estratos que se suprimían ya que, según se desprendía del informe de Regespa, no ofrecía mayor dificultad, así como se eliminaba algún leve repinte anterior a la intervención de Arjona. En consecuencia, una vez concluido el proceso el rostro de Jesús Caído recuperaba prácticamente su aspecto original. 

El proceso se prolongaba durante cinco meses porque se trataba de una labor pormenorizada que requería de etapas bien delimitadas de tiempo. Por tanto, como aseveraba el vicehermano mayor de la corporación de San Cayetano, Rafael Roldán, a La Voz, la imagen volvía en la fecha que se preveía. Ese regreso dotaba al Señor un aspecto que, si bien no ofrecía diferencias llamativas con el que tenía, le permitía ganar en brillo, de forma análoga a la que presentó Nuestra Señora de las Angustias, tras su última restauración.

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