Las bodas religiosas repuntaron un 4,4 por ciento en 2018 tras varios años bajando en Córdoba


Bautismos y primeras comuniones descienden, algo que el profesor de Derecho Civil Juan Luis Sevilla Bujalance atribuye a la disminución de la natalidad, pero también a la crisis moral y el laicismo

Celebración del matrimonio en una parroquia cordobesa. / Foto: Azahar e Incienso
Celebración del matrimonio en una parroquia cordobesa. / Foto: Azahar e Incienso

El número de matrimonios católicos está experimentando en Córdoba una ligera mejora, ya que en 2018 aumentó respecto al año anterior, lo cual supone invertir la tendencia que se venía produciendo en la Diócesis en los últimos años, que dejaba a la vista un marcado descenso en la celebración de este sacramento. Así, según los últimos datos que constan en el Archivo Diocesano, las bodas por la Iglesia crecieron un 4,4 por ciento en el último año, ya que si en 2017 se casaron en las parroquias de la capital y la provincia 1.266 parejas, en 2018 lo hicieron 1.322. Teniendo en cuenta que las bodas se planean con hasta dos años de antelación, esta mejora refleja una tendencia al alza de querer casarse entre los cordobeses ya desde 2016, lo que podría achacarse a la mejora de las condiciones económicas tras la crisis que permiten aumentar las bodas con el enorme gasto que suelen conllevar.

No obstante, si se comparan datos de los últimos diez años con los de 2018, la tendencia general -pese a esta nueva esperanza- es a la baja, como también ocurre con otros sacramentos como bautismo y primeras comuniones, algo que el profesor de Derecho Civil de la UCO Juan Luis Sevilla Bujalance atribuye al evidente descenso de la natalidad -si hay menos niños, hay menos bautismos y menos hacen la Primera Comunión- así como a factores relacionados con la crisis moral y laicismo que acucian a la sociedad.

El primer factor, el de la natalidad, es indiscutible. En 2018 los nacimientos en Córdoba cayeron por quinto ejercicio consecutivo, situándose en unos valores bajos que son históricos. Así, los bautismos ese año fueron 3.814, de los que 468 fueron en menores de entre 1 y 7 años y 178 en personas mayores de esa edad. Esto supone un 13,8 por ciento menos que en 2017, cuando se celebraron 4.426 bautizos. En lo que respecta a las primeras comuniones, cayeron un 17,4 por ciento en Córdoba al pasar de las 4.750 de 2017 a las 3.921 de un año después.

Sobre la natalidad, que influye en los datos anteriores, el profesor Sevilla Bujalance señala que “el decrecimiento está impulsado y favorecido por la gran proliferación de las prácticas abortivas y de los métodos anticonceptivos”. Junto a esto, señala también “la incorporación de la mujer al trabajo, llevada a cabo sin una conciliación real, efectiva y que es imprescindible para con el trabajo que se desarrolla en casa y en el que debe participar el marido”.

Son cuestiones de índole socioeconómica, por tanto, las que contribuyen al descenso de la natalidad, aunque no desdeña Sevilla Bujalance “el gran vacío de fundamentos religiosos y filosóficos firmes, relacionados con la gran relajación moral que se vive en nuestros días, y con el materialismo consumista predominante en amplios sectores sociales” tanto para la merma en natalidad y de bautismos como de comuniones y de bodas religiosas.

“En lo que se refiere a la relajación moral en relación con el matrimonio y el decrecimiento de la natalidad, es importante recordar que se han producido una serie de fracturas que han llevado a la concepción aquellos en una perspectiva muy distante de la concepción de la Iglesia y del derecho natural sobre las mismas”, reflexiona Sevilla Bujalance. Entre ellas, se refiere a “la quiebra del amor y el compromiso. Hoy día el amor ya no tiene para muchos esa dimensión de permanencia y estabilidad con que se concebía hasta ahora en la conciencia social general” y, como consecuencia de esto, “si no se asumen compromisos, lógicamente decae la natalidad. Un hijo es una obligación en el ser que lo tiene, de una gran responsabilidad. Supone hacerse cargo de otro ser humano en su existencia… Algo incompatible con esa ausencia de compromisos. Por ello caminamos hacia una sociedad sin niños, y en la que la pirámide de población y su tasa de reposición ya es negativa”, explica este profesor de Derecho Civil de la UCO.

Continúa Sevilla Bujalance diciendo que “el Mensaje de la Iglesia acerca de los Sacramentos, su necesidad y su finalidad, pierde su virtualidad porque tan verdad es esto como cualquier otra” debido a una mentalidad relativista que “ha calado en muchos miembros de la Iglesia”. Pero hay un factor más como es que “se extienden las distintas expresiones de un laicismo militante en nuestros días y en nuestro entorno” con una raíz “eminentemente relativista y su carácter beligerante hacia la Religión, especialmente el Cristianismo, y que pretende hacer desaparecer del escenario público a aquella y sus concepciones acerca de la persona y la familia”, opina.

Debido a todo lo anterior, Sevilla Bujalance cree que “no es de extrañar el decrecimiento en medio de nuestra sociedad de la participación en los sacramentos, especialmente el matrimonio canónico y el bautismo: sin novios que se quieran casar y sin niños, lógicamente disminuyen aquellos en sus cifras. Igual ocurre en la Primera Comunión”.

No obstante, estos datos no deben verse como algo puramente negativo o catastrofista. El Cardenal Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, ya anunciaba en el siglo pasado que la Iglesia dejaría de ser mayoritaria y quedarían los fieles de verdad a su Mensaje. Así, Juan Luis Sevilla Bujalance concluye con que la “purificación” que se está viviendo en la Iglesia, con la bajada de los sacramentos citados “quizá sea necesaria” ya que también es cierto que “no interesan los números – eso es para los políticos, no confundamos – sino la fidelidad”.

Por otra parte, este experto considera que “ese leve crecimiento en los matrimonios canónicos que se apunta en los datos, puede ser señal también de que entre las nuevas generaciones hay ya cierto hartazgo y hastío de recibir siempre el mensaje que constantemente nos invade desde el laicismo beligerante y la ideología de género. La juventud es la generación más generosa, y a lo mejor estamos ante un comienzo esperanzador”, opina, para concluir que no de debemos olvidar “nunca una frase fundamental en nuestra vida: ‘Estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos’. No tengamos miedo”.

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