Diez años en tres marchas de Caído y Fuensanta


A comienzos de septiembre de 2018, la sede de la Agrupación de Cofradías acogía la presentación de los actos que, con motivo de su décimo aniversario, iba a realizar la banda de cornetas y tambores Caído y Fuensanta. Un año lleno de momentos inolvidables, que se han plasmado en marchas realizadas para la ocasión y que han conseguido el aplauso de los aficionados a un género que, en la formación de la capital cordobesa, está encontrando a uno de sus mejores exponentes.

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Caído y Fuensanta./Foto: Jesús Caparrós

La iglesia de la Trinidad era el primero de los escenarios donde la banda estrenaba composiciones, en el mes de febrero. En el templo donde se vio la puesta de largo de la banda hace dos lustros, se interpretaba ‘La Historia. Se trataba de una composición de su director musical, Francisco Camacho Roldán, “la cual incluye fragmentos de varias marchas propias de nuestra banda, resumiendo así nuestros diez años de historia”. Además, también se producía el estreno de una marcha propia ‘Cruz verdadera’, obra de Francisco Encinas Cabrera, dedicada al Señor de los Reyes, titular de la Hermandad de la Vera Cruz de Córdoba, al que Caído y Fuensanta pone sus sones el Lunes Santo.

Caído y Fuensanta./Foto: Jesús Caparrós

Otro gran concierto, en este caso en la basílica de San Pedro y con el homenaje a Alberto Escámez centrando el programa, dio paso al gran momento. Y es que pese a esas dos grandes actuaciones, lo mejor estaba por venir este sábado, cuando en la Catedral de Córdoba -y junto a la sección de cuerda de la orquesta del Cabildo, con Clemente Mata en la dirección-, Caído y Fuensanta ofrecía todo un auténtico recital para los sentidos. Desde el ‘Stabat Mater’, ya se intuía que iba a ser una noche inolvidable. Como lo fue cuando sonaron los sones de ‘La Pasión’, en una conjunción -de otro nivel- entre la banda y la orquesta que impresionó al numeroso público asistente.

Pero el estreno de ‘Cristo del Sagrario’, de Francisco Camacho, en el templo mayor iba a suponer todo un hito para la banda, que cerraba con esta pieza el círculo de una década prodigiosa en la que, ahora, Caído y Fuensanta vive su momento musical más dulce.

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