Ángel Jesús Maíz: “Dios puso el testimonio de mi tío José Antonio, que se acaba de ordenar cuando yo tenía unos ocho o nueve años”


"Eso me hizo cuestionarme si me llamaba a mí también a lo mismo. Y por eso entré en el seminario y comparto esa alegría que vi en ellos"

Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena
Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena
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Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena

La parroquia de Santo Domingo de Guzmán y la parroquia de los Remedios de Cabra acogían, este sábado, la primera misa de Ángel Jesús Maíz Tejero. Un acto multitudinario, espiritual y emotivo . Hablamos con el nuevo presbítero y nos narra lo vivido esa jornada, el día de la ordenación y cómo afronta su ministerio.

-¿Cómo fue el día de su ordenación sacerdotal?

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Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena

-Las órdenes sacerdotales llegan a ser un culmen a una respuesta y a una historia de salvación. Desde pequeño, veía en mi tío -que es sacerdote- y en mi párroco, que me llamaba la atención su vida y que quería ser como ellos. Decidí entrar en el seminario en el año 2007 y han sido 12 años de formación en los que he intentado responder al Señor, a su llamada, a ser sacerdote. El sábado 28 de septiembre se vio culminada esa primera parte de formación sacerdotal. Y empieza una nueva etapa, no acaba nada, de apostolado, de ministerio, en los sitios que Dios me vaya encomendando. Fue el día más feliz de mi vida, de entregarse a Dios y a la Iglesia.

-¿Cómo siente la vocación?

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Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena

-A cada uno Dios lo llama de una forma diferente y no hace actos extraordinarios, espectaculares, sino que pone a personas, circunstancias, pone a familiares, a amigos, a sacerdotes… Y en mi caso puso el testimonio de mi tío José Antonio, que se acaba de ordenar cuando yo tenía unos ocho o nueve años. Y a mí me llamaba la atención su vida, su alegría su entrega con los enfermos, la parroquia. Y también me llamaba la atención la vida de mi párroco, don Francisco Caballero. Viéndolo en uno tan joven y otro tan mayor había un denominador común, que era la felicidad. Veía que eran felices en lo que Dios les había llamado. Eso me hizo cuestionarme si me llamaba a mí también a lo mismo. Y por eso entré en el seminario y comparto esa alegría que vi en ellos.

“Han sido siete años felices, intensos. Sabiendo que hay una felicidad que es la de entregarnos al Señor y a la Iglesia y así se supera cualquier dificultad”

-¿Cómo recuerda su paso por el seminario menor?

-En el menor entré en tercero de la ESO y fueron cinco años muy felices. El seminario menor no es para formar sacerdotes, sino para discernir si en esos muchachos, si Dios los está llamando a ser sacerdotes. Es sobre todo una formación humana, para sentar las bases en la vida espiritual. Es un tiempo de discernimiento vocacional y fraternidad. Una etapa muy feliz.

-Y llega el mayor.

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Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena

-Es una ruptura de nivel, un cambio radical. Puesto que la formación ya es orientada directamente al sacerdocio, la ordenación presbiteral. Una dimensión espiritual más fuerte. Ahí se fragua lo que, en pocos años, es un sacerdote entregado a las tareas de la parroquia, enfermos, etc. Es una etapa más seria, más responsable. Han sido siete años felices, intensos. Sabiendo que hay una felicidad que es la de entregarnos al Señor y a la Iglesia y así se supera cualquier dificultad. Y saber que esto es desproporcionado, porque es Dios el que llama e intentamos responder con generosidad.

-De esas dos etapas, cuál ha sido el momento más feliz.

-De esos años me quedaría con las órdenes de diáconos y de presbíteros, que vienen a ser el culmen y el resumen de la formación al sacerdocio. El día en el que se da cumplimiento a esa llamada. Es un momento de entrega, de desposorio con Cristo y con su Iglesia.

“Cada día intento trasparentar a Jesús y debo ser sacerdote en todo y para todos”

-Ha dado su primera misa en Cabra, cómo la ha vivido.

-Fue en mi parroquia natural, en Santo Domingo de Guzmán. Y fue un día grande, muy bonito. La comunidad parroquial que me vio nacer, que me ha visto desde pequeño entrar al seminario, en las catequesis, ordenarme sacerdote, ve estos hechos muy felizmente. Mi anterior párroco, don Francisco Caballero, lo ha visto con mucha alegría. Han sido unos días en Cabra felices. No porque sea yo mejor que los demás paisanos, sino porque un hijo del pueblo ha intentado responder al Señor, a esta llamada. Estamos todos muy contentos y dando gracias a Dios.

-Ahora empieza su ministerio en Belmez.

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Ángel Jesús Maíz Tejero./Foto: Irene Lucena

-Los ministerios que me ha encargado el señor obispo son en la parroquia de la Anunciación de Belmez y la parroquia del Hoyo. También tendré que combinar ser el párroco de siete pueblecitos, que pertenecen a Fuente Obejuna. Como son Navalcuervo, Alcornocal, Ojuelos Altos, La Cardenchosa, Los Morenos, La Posadilla y Los Pánchez. Intentaremos llevar a la gente a Dios, ya sea por medio de los sacramentos, de la Palabra, de atender a la gente.

-Cuando los fieles de esas parroquias vean a Ángel Maíz, a quién se van a encontrar.

-Primeramente, con una persona que tiene defectos, debilidades, que se equivoca y que no esperen a alguien perfecto. Y, por otro lado, se encontrarán con alguien que intenta ser otro Cristo para ellos. Cada día intento trasparentar a Jesús y debo ser sacerdote en todo y para todos.