El obispo recuerda que acercarse a los pobres es un imperativo del amor cristiano


En su carta semanal, monseñor Demetrio Fernández asegura que estar al lado de estas personas "nos abre el horizonte de la vida eterna, la cerrazón a los pobres nos lleva a la perdición"

Diocesis, campamentos, cordoba, gaudium
Demetrio Fernández. / Foto: Irene Lucena
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Demetrio Fernández. / Foto: Irene Lucena

“Acercarse a los pobres es un imperativo del amor cristiano”. Así de contundente se muestra el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, en su carta semanal dirigida a todo el pueblo fiel para recordarle que hay que estar al lado de los que menos tienen. Bajo el título de ‘Una vida disoluta conduce a la perdición eterna’, el obispo recuerda la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro.

“La primera desgracia del rico Epulón -relata el prelado- es la de plantear la vida para disfrutar de todos sus placeres. Y los placeres de esta vida se acaban antes o después, no son eternos. De ello tendremos que dar cuenta ante Dios. Y la otra desgracia de Epulón es la de haber cerrado su corazón a las necesidades de los pobres de su entorno”.

Demetrio Fernández explica que nuestro Señor Jesucristo nos da varias lecciones con esta parábola. “En primer lugar, que la vida no es para disfrutarla sin medida. Estamos hechos para la felicidad, sí; pero no para esa vida sensual, que nos va disolviendo en vez de construirnos”. Porque “darse a la ‘buena vida’ no conduce a nada bueno, además de que crea adicciones insaciables. Al contrario, nos va cerrando el corazón y nos va haciendo incapaces de amar”.

En segundo lugar, “una vida disoluta nos hace desentendernos de los demás. Sólo piensa en sí mismo, no le conmueven las necesidades de los demás, se hace insolidari”, continúa el prelado, que afirma que “el contacto con los pobres nos abre a la verdad de nosotros mismos, los pobres nos evangelizan al recordarnos que nosotros también somos necesitados”. Así, “compartir las penas de los demás nos hace más humanos, más solidarios, nos hace bien al sacarnos de nuestro egoísmo”.

“Recibimos la incitación permanente a ‘vivir bien’, entendiendo por ello una vida regalada en la que no nos falte de nada y en la que estén satisfechas todas nuestras apetencias. Nos lo dice el mundo de nuestro entorno, nos lo pide el cuerpo, y nos lo sugiere de una u otra manera el mismo demonio”, alerta el obispo de Córdoba, que concluye su carta recordando que “Jesucristo, siendo rico se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza (cf 2Co 8,9), y lo ha hecho por amor. Ese camino nuevo, que Jesús ha inaugurado, nos invita a recorrerlo con él, el camino del amor”. Y es que los pobres nos hacen bien “si no los miramos como rivales o desde arriba, sino abajándonos como ha hecho nuestro Señor. El acercamiento a los pobres nos abre el horizonte de la vida eterna, la cerrazón a los pobres nos lleva a la perdición”.

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