La Catedral, un áureo joyero que ha contenido grandes obras de la imaginería, el bordado o la orfebrería


El primer templo cordobés ha albergado por nueve días, entre sus columnas y arcos, preciados y preciosos tesoros en lo patrimonial amén de referentes devocionales de la diócesis

Nazareno de Priego. / Foto: LVC
Nazareno de Priego. / Foto: LVC

La Catedral de Córdoba, la deslumbrante antigua Mezquita, que es en sí misma una joya, se ha convertido por nueve días en joyero en el que se han guardado valiosos tesoros de la religiosidad popular y el arte cofrade de toda la diócesis cordobesa. Este domingo despertará la ciudad del sueño que ha tenido la oportunidad de soñar o, mejor dicho, de vivir, porque ha sido un sueño real, gracias a la exposición magna ‘Por tu Cruz redimiste al mundo’ en la que han participado 41 hermandades con 43 pasos.

En ella han convivido fuertes referentes devocionales de la provincia, todas las imágenes de Jesús Nazareno lo son en sus localidades de origen, y de la capital con Nuestra Señora de las Angustias al frente. Dos imágenes sagradas, las de María y Jesús, que se veneran en San Agustín y en las que se da también otra circunstancia y es que además de faro de devoción conforman una valiosa obra de arte salidas de las gubias de Juan de Mesa en 1627.

Son grandes obras de arte. Esto es lo que ocurre con otras de las imágenes sagradas que se han podido ver hasta hoy en la Catedral de todos los católicos cordobeses, vestidas en algunos casos con ricas túnicas de gran valor por su calidad, antigüedad o ambas cosas a la vez y rodeadas de elementos relevantes en lo patrimonial como las cruces con las que cargan, los pasos sobre los que procesionan o las imágenes secundarias que las acompañan.

La comisaria de la exposición, Sarai Herrera, cuenta que ésta enseña “una clara evolución del arte sacro” que va desde el siglo XV hasta el siglo XXI, pasando por imágenes y patrimonio del Barroco pero también mucho del siglo XX.

Así, la talla más antigua que se ha congregado en la exposición magna es la del Santísimo Cristo de las Penas, de la parroquia de Santiago de Córdoba, anónimo del siglo XV. Y también de Córdoba es la más reciente: el Cristo de la Oración y la Caridad de la hermandad de la Conversión, de Pedro García Velasco en 2016. Entre una y otra hay fechadas imágenes únicas. Tal es el caso de Jesús Nazareno de Priego, atribuido a Pablo de Rojas y fechada en 1592, o del Nazareno de La Rambla, de Juan de Mesa en 1621.

Ambos son de pueblos de la provincia y también desde allí han llegado otras obras que merece la pena destacar como los Nazarenos de Aguilar de la Frontera, anónimo de finales del XVII-principio del XVIII; de Lucena, de principios del siglo XVI atribuido a Jacobo Florentino, o de Rute, del círculo de Alonso de Mena en el siglo XVII al que también esta atribuido el de Fuente Obejuna. De escuela granadina es igualmente Nuestro Padre Jesús Caído, fechado hacia 1670, y Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto, relacionado con el círculo de Pedro de Mena, igualmente del siglo XVII. Anteriores, del siglo XVI son el Cristo del Amor, atribuido a Martín de la Torre, y Jesús Nazareno de Córdoba, anónimo. Como también de finales de ese siglo o principios del XVII es el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas, uno de los Crucificados por antonomasia de Córdoba. Y posterior, Jesús del Calvario, de Fray Juan de la Concepción de 1724.

Junto a ellos han estado obras menos relevantes en la Historia del Arte pero de autores clave en las cofradías que hicieron tanto por recuperar y revitalizar la Semana Santa tras el trágico hecho de la Guerra Civil Española, como Castillo Lastrucci, que talló los Nazarenos de Hinojosa del Duque, El Carpio o Castro del Río; o Martínez Cerrillo, autor del Nazareno de Espejo y de Nuestro Padre Jesús de las Penas, de la hermandad de la Esperanza.

Y también se han podido ver en la Catedral grandes obras contemporáneas como el Señor del Silencio, de Luis Ortega Bru en 1980 o, más reciente aún, el Santo Cristo de la Universidad, de Juan Manuel Miñarro, tallado en 2010 tomando como referencia el Hombre de la Sábana Santa siguiendo criterios científicos pero dotándolo de unción. Igualmente recientes son las imágenes de Miguel Ángel González Jurado y los misterios de Antonio Bernal, ambos imagineros cordobeses de prestigio.

No obstante, aunque las imágenes cristíferas hayan sido el centro, son a las que se venera, no hay que perder de vista los elementos que las completan. Así, no se entenderían tampoco los Nazarenos sin sus cruces, las más interesantes de orfebrería. Entre las que sobresalen está la de Jesús Nazareno de Lucena, que es de finales del siglo XIX, del platero cordobés Francisco Castillo y Costi; la del Nazareno de Palma del Río, que está datada en 1691 en el taller del platero Pedro Gallego, o la del Nazareno de Rute, en plata cincelada y repujada en 1683.

Siguiendo con la orfebrería hay que señalar como grandes piezas la peana de Jesús Nazareno de Córdoba, realizada en plata por Cristóbal Sánchez de Soto en 1780, así como la corona del Nazareno de Fernán Núñez (en oro del siglo XVIII) o las potencias y corona de espinas en plata de ley sobredoradas del Nazareno de Fuente Obejuna, que va además sobre las que quizá son las andas más antiguas que procesionan en Andalucía, de finales del Renacimiento-Protobarroco.

Como contraposición a estas andas, están las “hipérboles” que suponen los neobarrocos pasos del Señor de la Humildad y Paciencia, con talla de Santa Águeda y dorado de Manuel Calvo; o de Jesús de la Redención, de Antonio Ibáñez (talla) y Emilio López Calvo (dorado). Ambos de finales de los años 90 del siglo XX. Y si de pasos se habla, no se puede olvidar el de Jesús Caído, que no todo lo que reluce es de oro. Su autor es Rafael Valverde Toscano, que lo talló en 1943 en estilo neorrenacentista.

Siguiendo con el Caído, tiene algunas de las mejores túnicas de la capital. La más antigua, de 1884 donada por el torero ‘Lagartijo’, en desuso por su estado de conservación, y la más reciente de 2010 con diseño de Fray Juan Dobado y ejecución de Francisco Pérez Artés. En la capital destacan igualmente otras túnicas como la de Jesús Nazareno y en la exposición se han podido ver interesantes y grandes piezas muy recientes como las túnicas de Humildad y Paciencia y el Señor de las Penas, ambas con diseño de Rafael de Rueda y bordadas por Pérez Artés y Jesús Rosado, respectivamente, así como las vestiduras del Señor de la Redención, dibujadas por Miguel Ortiz y ejecutadas por Alberto Vico.

Pero de nuevo aquí la provincia tiene también mucho que decir y aportar. Los Nazarenos de Aguilar, Castro del Río, Lucena, Rute, Priego, Pozoblanco o Fernán Núñez han venido a Córdoba con importantísimas túnicas que han podido ser admiradas por los miles de visitantes que han pasado por la Catedral desde el día 15 de septiembre. En el caso de Aguilar ha tenido puesta la mejor túnica que conserva, del siglo XVIII; el de Lucena igualmente ha lucido una de sus prendas más valiosas, como valiosa es la del Nazareno de Castro del Río, de 1738, o la roja del Nazareno de Pozoblanco de 1928 restaurada por Pérez Artés.

Y es que, como señala la comisaria de la exposición, Sarai Herrera, “la muestra ha sido un total y rotundo éxito, y se han visto superadas las expectativas, que eran muy elevadas” en cuanto a visitantes que no solo han visto arte sino, “imágenes devocionales que no podemos verlas como algo ajeno a la fe” pues son “manifestaciones prácticas de la piedad popular”.

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