El obispo advierte de que la codicia aleja de Dios e incapacita para ayudar a los demás


En su carta semanal, monseñor Fernández habla sobre el evangelio del domingo: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13) pues Dios hace libres a las personas y el dinero las esclaviza

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Demetrio Fernández. / Foto: Diócesis de Córdoba
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Demetrio Fernández. / Foto: Diócesis de Córdoba

“Cuando aparece la codicia en el corazón humano, uno se aleja de Dios y se incapacita para ayudar a los demás”. Así lo advierte el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en su carta semanal que ha titulado ‘O Dios o o el dinero’. En la misiva, en la que se garantiza que Dios “nos hace libres” y el dinero “esclaviza”, el obispo explica de dónde procede esta incompatibilidad. 

En este sentido, el prelado indica que “la clave de la disyuntiva no está en el dinero, sino en la alternativa de confiar en Dios o confiar en nuestros medios. No parece que sea compatible el amor al dinero (con todas las posibilidades que ofrece) y la confianza en Dios, que es nuestro Padre providente”.

Monseñor Fernández abunda en ello y afirma que “el dinero no es malo en sí mismo, más aún es necesario para sobrevivir. Por medio del dinero atendemos nuestras necesidades básicas de alimentación, vestido, casa, atención a la salud”. El dinero lo adquirimos como fruto del trabajo, de nuestro ingenio humano, de nuestra capacidad creativa. Y eso también es bueno”.

Sin embargo, prosigue la carta, “siendo el dinero la puerta para tantas posibilidades en nuestra vida, el corazón humano desarrolla una actitud que le hace desear más y más”. Y de esta forma pueden aparecer la codicia y la avaricia y “el dinero entonces esclaviza, se convierte en un ídolo, la avaricia es una idolatría”, advierte monseñor Fernández. Por eso, continúa, “cuando uno lo quiere todo para sí, no percibe que lo recibido es también para compartirlo generosamente con los demás: su tiempo, sus cualidades, su dinero”.

Jesucristo llama “bienaventurados a los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos, y nos invita a seguirle por este camino”, recuerda el obispo, quien indica que las circunstancias de pobreza en las que vive y muere el Señor “no son pura casualidad, sino que expresan su ser más profundo”.

Por último, el obispo se pregunta “por qué unos tanto y otros tan poco o nada”. Y la respuesta, dice, “apunta al egoísmo del corazón humano, que se queda con lo suyo y lo ajeno”. Por eso, concluye el prelado, “si dejamos que Jesús entre en nuestra casa, en nuestro corazón, nos hará generosos, desprendidos, solidarios y podremos escuchar de Jesús: Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

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