Cambiaron la Semana Santa: Fallece Luis Álvarez Duarte meses después de Fray Ricardo


Un deceso que ha causado una fuerte conmoción en el mundo cofrade, no solo de la capital hispalense, sino en los múltiples lugares hasta los que llegó su prolífica obra y, entre ellos, Córdoba

Luis Álvarez Duarte./Foto: http://divinamadera.blogspot.com

A los 70 años y tras no sobreponerse a un ictus, ha fallecido el conocido imaginero hispalense, Luis Álvarez Duarte. El artista, como ha adelantado Pasión en Sevilla, ha fallecido tras haber sido ingresado el pasado domingo en la Unidad de Cuidados Intensivos de Traumatología del Hospital Virgen del Rocío.

Un deceso que ha causado una fuerte conmoción en el mundo cofrade, no solo de la capital hispalense, sino en los múltiples lugares hasta los que llegó su prolífica obra y, entre ellos, Córdoba. Y es que al arte de Luis se deben imágenes incónicas de la Semana Santa actual, como las de la Virgen del Rosario, la de la Soledad, la Reina de los Ángeles, la Encarnación y el Desconsuelo. Sin olvidar la talla del Cristo de la Providencia, que le encargara el sacerdote Antonio Gómez Aguilar para la Obra Pía de la Trinidad.

Con Luis se va una personalidad arrolladora, que cambió el mundo de la imaginería y la dotó de un espacio propio en el mundo de las artes. Su relación con Córdoba fue muy estrecha y estuvo unida a figuras como las de Rafael Zafra, uno de sus más íntimos amigos (cuya impronta se halla en el bar La Gloria); y a la de Fray Ricardo que, se da la circunstancia, perdía la vida hace tres meses, víctima de un ataque cardíaco.

Un legado eterno

hoy
María Santísima de la Encarnación./Foto: Jesús Caparrós

Luis y Fray Ricardo dejaron una de las historias menos conocidas, pero más descriptivas de una época, que les narrábamos en La Voz. Como explicaba el cofrade del Amor y reconocido artista cordobés, Rafael Cuevas, la figura de fray Ricardo “fue decisiva para que la Encarnación llegara a Córdoba”. Estamos en la década de 1970 y el capuchino indica al por entonces hermano mayor del Amor, Francisco Vázquez Vacas, que está siguiendo el trabajo de un joven imaginero, que apunta a gran escultor. Por carta, le envía uno de sus trabajos. Se trata de una Virgen, fotografiada en blanco y negro que, a la postre, va a ser conocida como Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada. La instantánea es parte del primer reportaje que se hizo a la hermosa imagen de San Pablo, por el sevillano Fernand. Los cofrades del Cerro quedan prendados y, más aún, como relata Cuevas, cuando ven la obra mariana sobre la que está trabajando en ese momento. Una imagen de gran personalidad y diferente al modelo de Virgen niña de Luis, María Santísima de la Soledad.

Una vez tomada la decisión, el concepto de María Santísima de la Encarnación es claro: “Una mujer del barrio, trabajadora, que tiene que cruzar el puente”, explica Cuevas. De ahí, su tez morena y, otra curiosidad, la Virgen lleva un moño tallado, al estilo del lienzo que pintara Julio Romero de Torres. Sin embargo, restaba una decisión por adoptar, qué advocación ponerle. En dicha tesitura, Juan Mata va a visitar una mañana a fray Ricardo al convento de Capuchinos y, paseando por el claustro, al sonar las campanas, el fraile le indica a Mata que se disponga a rezar el Ángelus. Al término del rezo, Ricardo exclama: “¡El Ángel del Señor anunció a María! Mata, ya tenemos nombre, ¡Encarnación! Se llamará Encarnación!” .

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