El extraordinario caso de santidad de la Hermana Juanita


Hermana Juanita./Foto: Diócesis de Córdoba
Hermana Juanita./Foto: Diócesis de Córdoba
Visita del obispo a la residencia de Priego. /Foto: Diócesis

La diócesis de Córdoba cuenta con ejemplos extraordinarios de vidas marcadas por la santidad. Uno de los más llamativos es el de la Hermana Juanita que -como avanzaba el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en una entrevista concedida a La Voz- “he preguntado y me han dicho que podrían declararse pronto las virtudes heroicas de la Hermana Juanita. Es una Obrera del Sagrado Corazón de Villanueva de Córdoba, que ha llegado a la santidad de una manera muy sencilla: aceptando su enfermedad y su invalidez”.

El obispo- recordaba que “se ha pasado su vida, de 60 años, cuarenta y tantos tirada en la cama, porque no podía hacer otra cosa”. Con este ejemplo, Demetrio Fernández ha afirmado que “se puede ser santo en todas las circunstancias. También siendo un enfermo como ella”. Y ha destacado el prelado “que no le ha faltado la alegría, la esperanza, las virtudes, la ayuda a los demás. Es un proceso muy bonito”.

Hermana Juanita./Foto: Diócesis de Córdoba
Hermana Juanita./Foto: Diócesis de Córdoba

Cabe recordar que, como se señalaba desde la Diócesis, la Hermana Juana, Juanita, Méndez Romero, nació en Villanueva de Córdoba el 30 de enero de 1937, la tercera hija de una familia humilde y trabajadora. Su padre, enviudó muy pronto, quedando al cuidado de sus seis hijos; trabajó en una finca de la fundadora de las Obreras del Corazón de Jesús, Madre María Jesús Herruzo. El 30 de octubre de 1950 comienza a manifestarse la enfermedad que la marcará durante toda su vida: tifus. Es muy grave el 2 de noviembre, hasta temer por su vida. Mejora poco a poco, aunque sin poder moverse de su cama, y su cuerpo queda marcado por la gangrena y las llagas, que la acompañarán hasta su muerte. En sus largos ratos de soledad y postración, comienza a profundizar en la oración y la meditación, la penitencia y el Vía Crucis, la lectura. Ofrece sus sufrimientos, penas y alegría para la salvación de todos los hombres, por el Papa, la Iglesia y los sacerdotes, y sigue con su vocación apostólica y misionera. Siguiendo el consejo de su confesor, hizo voto de víctima. Vivía con paz y alegría, se sentía feliz y disfrutaba de las visitas de otras niñas de la Residencia. Su vida estaba plenamente llena de sentido.

En el año 1963 le proponen ser Obrera del Corazón de Jesús, su gran deseo desde la infancia. Tras solicitar los permisos oportunos por su enfermedad, es postulanta y novicia, tomando el hábito el 19 de marzo de 1964. Su timidez y su natural reserva no le impiden crecer en su formación religiosa y su intensa vida interior y de oración. El 19 de marzo de 1966 hizo su profesión solemne, integrándose plenamente en la Comunidad de Obreras de Villanueva de Córdoba.

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