El cortejo de la patrona


Nuestra Señora de la Fuensanta./Foto: Luis A. Navarro
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Nuestra Señora de la Fuensanta./Foto: Luis A. Navarro

“Ha llevado un cortejo muy digno y es mérito de las hermandades”, dice un miembro de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba. Y lo apunta mientras la patrona ya descansa en la iglesia de Santiago, tras el hermoso homenaje que le han rendido a Nuestra Señora de la Fuensanta las cofradías de la Misericordia, las Penas de Santiago y la Soledad.

“Las personas mayores de la parroquia estaban disfrutando”, es la siguiente frase. La misma que demuestra que los traslados no han caído en saco roto y que la sola mirada de un devoto vale más que cualquier párrafo de una crónica, destinada a relatar lo que para la ciudad supone la Virgen que espera a los días en la Plaza del Pocito. La misma que ha visto bendecir las aguas ante ella, en un ritual antiguo, en la letanía estudiada de los días que, hoy, la han visto marchar hacia los horizontes naranjas de la ciudad que es más que un barrio, que hasta en el nombre de sus piscinas la llevan a ella, como el santo y seña de un tercio viejo.

Y la Virgen ya está en Santiago, en su antigua parroquia, en el lugar donde los caballeros dan nombre a colegios y las familias guardan el secreto de una fe, que se transmite de generación en generación. La imagen, la ciudad, la Virgen, la patrona… ya aguardan la próxima parada. La casa del Carmen Calzado, el templo donde se fundó la hermandad del Sepulcro, la segunda estación de un traslado que resume y entra la devoción de un pueblo.

El cortejo de la patrona aguarda su marcha, antes de su último adiós, de que la despida el Cristo de las Penas y la cruz de Santiago brille más fuerte sobre el corazón de quienes, en unos días, la verán llegar a San Francisco.