Hermana María del Carmen: “Yo si volviera a nacer sería Capuchina”


Capuchinas
Hermana María del Carmen./Foto: BJ
Convento de las Capuchinas./Foto: BJ

En mitad del verano cordobés, el rigor del calendario se suaviza cuando la hermana que se halla en el torno del convento de las Capuchinas nos recibe con amabilidad y nos da paso a una estancia en la que la espiritualidad que se percibe parece detener el tiempo. En el umbral, la hermana María del Carmen nos da la bienvenida y nos da paso a una de las habitaciones. Su permanente sonrisa se abre a las reflexiones que realiza en la siguiente entrevista, donde explica que llegó a Córdoba en 1994, procedente de México, y su alegría fue “encontrar a unas hermanas que nos recibieron con mucho cariño. Desde que llegamos nos hemos sentido bien”.

-¿Cuántas son en el convento?

Hermana María del Carmen./Foto: BJ

-Estamos 18. La más joven tiene 27 años, de ahí para arriba. Estamos 14 mejicanas y cuatro españolas. Cuando llegamos eran 14 españolas. Llegamos cinco y después fueron llegando las otras.

-¿Cómo es el día a día de las hermanas?

-Nos levantamos a las 6 de la mañana y a las 7 empezamos nuestro ofrecimiento: pedimos por todo el mundo, le llaman el rezo de la Iglesia Universal. Rezamos laudes y sigue la oración y a las ocho empezamos la eucaristía, que es el culmen de la vida del cristiano. Después hacemos un rezo que se llama tercia y ya vamos al desayuno y, después, cada quien ya comienza en el trabajo que tiene. Les llamamos oficinas. Unas hermanas trabajan en la cocina y otras van a trabajar las formas. Otra (hermana) está en el torno recibiendo a la gente que viene; otras el patio; preparar la casa; y la enfermera con las enfermas.

-¿Cómo se sustenta el convento?

Hermana María del Carmen./Foto: BJ

-El convento se sustenta con la venta de las formas y con lo que la gente nos trae, la caridad. Si no llega, entonces tenemos que recurrir a que nos ayuden, pero primero tiene que ser trabajar nosotras, no esperar a que nos llegue.

-Actualmente, ¿hay mucha caridad?

-Ahora no, pero se comprende porque cuánta gente está así, que no tiene para pasar el día o para no estar muy holgadamente.

-¿Cómo llegan a Córdoba?

-Llegamos en el ’94, porque las monjitas empezaron a ver que no entraban vocaciones. Y dijeron, ahora que estamos más o menos jóvenes, vamos a traer hermanas a ver si… pidieron caridad allá a México y nos pidieron a nosotras.

-¿En México hay más vocaciones?

-Hasta ahora sí, aunque dicen que ya lo están notando allá, pero sí. En León, en ese convento, llegamos a ser el más grande del mundo, a nivel autónomo. Estábamos más de 80 capuchinas en un solo convento. De los otros conventos nadie nos conocía y, una hermana que estuvo en las Clarisas en Santa Cruz, le dijo a las monjitas, “pídanle a León, allí hay muchas hermanas”. Y dieron con nosotras.

-¿Existe diferencia de México a España?

-No. Porque como nuestra forma de vida en la Iglesia es la misma, la Capuchina, tenemos una misma regla.

-En su vida, como Capuchina, cuál ha sido el momento más gratificante.

-Encontrar a unas hermanas que nos recibieron con mucho cariño. Desde que llegamos nos hemos sentido bien. Siempre ha sido un regalo muy grande, haber caído en las manos de ellas.

-Para quienes no conozcan a las Capuchinas, cómo es su carisma.

-Vivir el Evangelio con nuestro Padre San Francisco y Santa Clara. Vivir en pobreza, no como ahora la gente que quiere tener más, más y más. La pobreza y la alegría en medio de todo eso.

-¿Cuándo sintió la vocación?

Hermana María del Carmen./Foto: BJ

-He oído que hay personas a las que se les hace difícil expresarlo y es verdad, porque se siente desde dentro. Tú sientes una cosa aquí (se señala el pecho), que no sabes explicarlo. Cuando lo sentí estaba estudiando y, en las vacaciones (holgazana, estaba acostada), mi mamá estaba haciendo la comida y me acuerdo de que había un Cristo y lo estaba sintiendo de frente. Y, de repente, sentí una cosa que me decía “yo sí te quiero, vente conmigo”. Me dije, ¿qué es esto? Y le dije a mi mamá que sentía una cosa muy rara. Eso va a ser que tú tienes vocación, me dijo. Me mandó con el vicario y le conté que mi mamá me dijo que tenía vocación ¿De qué?, me pregunto y, yo no sabía lo que decía, y le dije que de dama pobre. Y, como siempre nuestro Señor nos lleva por el camino y sabe qué nos conviene, me llevan a Capuchinas y, desde un principio, me sentí en mi casa. Sentí que ese era mi lugar y yo, si volviera a nacer, sí, sería Capuchina.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here