La Virgen del Tránsito trae a la Córdoba de siempre

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La procesión deja estampas clásicas en el barrio del Alcázar Viejo y la Catedral

Procesión de la Virgen del Tránsito./Foto: JP
Procesión de la Virgen del Tránsito./Foto: JP

Hay una Córdoba por la que no pasa el tiempo. Una ciudad que guarda en barrios como el del Alcázar Viejo la esencia de sí misma, de las horas lentas de la tarde de veranos eternos, en su letanía; repetidos, en los aromas y los sabores pretéritos; iguales y distintos, al paso de la Virgen de Acá, que siempre deja emociones encontradas, diferentes.

Nuestra Señora del Tránsito camina por las calles de ese barrio, que atesora a la Córdoba de otro tiempo, con la naturalidad de una vecina más, la más querida y quién sabe si la más antigua. Con su levedad transporta a otro tiempo. Puede ser 2019 o cualquier siglo lejano. Su llegada, desde la salida misma de San Basilio, es hermosa, penetrante como los aromas de la infancia, que regresan como el jazmín de un patio pretérito, con el perfume de los nardos que velan a Nuestra Señora.

La Virgen camina, levita, hacia el templo mayor por las calles de siempre, para llegar a la Catedral en un ambiente festivo. Se eleva hacia el Padre y prende la mirada en las aceras, mientras los sones alegres de las marchas crepitan en los corazones de los cofrades que la contemplan. Casi es la Córdoba en sepia de la nostalgia, mientras ella deja atrás el primer templo de la diócesis. Baja por Caño Quebrado y asciende por Santa Teresa, para enfrentar su silueta al Alcázar y avanzar hacia el Arco que la devuelve a su barrio.

La ciudad es más ciudad en San Basilio. Y la Virgen del Tránsito allí lo es casi todo. Con su paso flamante, que ha marcado los proyectos y la arquitectura de la hermandad durante los últimos años, se adentra en su templo, como si el tiempo no pasara, como si nos dejara ese aroma, esa visión y ese anhelo de la Córdoba de siempre.

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