Tomás Pajuelo: “Creo que el futuro del Beato Álvaro es la gente joven que está implicada”


Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós Beato Álvaro
Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós
Beato Álvaro
Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós

Cuando el canónigo de la Catedral de Córdoba y párroco del Beato Álvaro, Tomás Pajuelo Romero, llegó a la que es su feligresía, el templo era un un local en la Avenida de Guerrita. En estas casi dos décadas, el sacerdote ha afrontado el reto -junto a la Diócesis– de edificar el templo actual y empezar de “cero” con una feligresía que cuenta con la nada desdeñable cantidad de 20.000 personas, aproximadamente.

Pajuelo nos recibe en el templo, donde varias personas rezan ante el Santísimo, y comienza a repasar como fueron los inicios; lo qué sintió al ser enviado desde Bujalance a Córdoba; cómo fue la llegada de la hermandad de la Sagrada Cena en los albores del templo del Beato Álvaro y ha crecido en este tiempo. Bromea al recordar como hay quien todavía llama a la parroquia del “Beato San Álvaro” y se muestra agradecido por la cantidad de fieles que cada domingo llenan la iglesia (alrededor de 500 personas).

También es consciente de que su feligresía es muy amplia: “la gente la conoce por su puntos cardinales, desde Vista Alegre a Gran Vía Parque y Manolete. La Avenida del Aeropuerto y termina en la Ronda de los Omeyas (en el Hospital Quirón)”. Todo un reto porque la zona de nueva construcción, casi doblará el número de feligreses, en una parroquia que tiene -por ejemplo- tandas de comuniones de ocho y 10 grupos al año. De todo ello nos habla en la visita que La Voz realiza a uno de los templos más funcionales de la capital.

La llegada

Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós

“Tomé posesión como párroco el 16 de diciembre del 2000 y hasta ahora. El templo se inauguró el 19 de mayo del 2001 y, desde entonces, he estado en un barrio que respondió muy bien, cristianamente; hay bastante participación eucarística; muchos bautizos (vamos por el segundo libro); muchísimos niños de comunión (más de mil)”.

La construcción del Beato Álvaro

Beato Álvaro
Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós

“Ha sido la única edificación pública que se realizó antes de que hubiera centro cívico y otras cosas. Por lo que ha configurado un poco el barrio. Era el único sitio lo suficientemente grande para hacer actos. He tenido reuniones de comunidades de vecinos, desfiles de moda, etc”.

Una parroquia con mucha vida

“Hay grupos de niños, de jóvenes, de matrimonios. De estos últimos han surgido los delegados diocesanos. De familia, que son Darío y Pilar. Emilio y Pilar, que estaban en el COF, también son de la parroquia. Están involucrados en la vida diocesana porque así nos lo pidió el obispo. Hay Adoración Nocturna, grupos de carismáticos, de Cursillos de Cristiandad, postcursillos… Es una parroquia que tiene mucha vida”.

El cambio de llegar de Bujalance

Tomás Pajuelo./Foto: Jesús Caparrós

“Es distinto. En Bujalance había una parroquia inmensa, con una iglesia -la de la Asunción- preciosa, que la llaman la Catedral de la Campiña. Y aquí vienes y, de repente, te encuentras en un local, que ahora es una tienda. Al principio me encontraba estrecho. Imagínate, pasar de un altar casi catedralicio a tener a la gente a un metro. Distinto”.

Los retos

“Los retos de aquí fueron que había que empezar de cero. Los primeros días fue un cambio tremendo. Pero desde los primeros días del nuevo templo hubo mucha gente. De hecho, en la inauguración la cantidad de gente fue tremenda. Y ese día pensaba, bueno, y a partir de mañana qué. Pero fue muy bien. Al principio había solo una misa los domingos, se pusieron dos después del primer mes y ahora hay tres”.

El futuro

“Creo que el futuro del Beato Álvaro es la gente joven que está implicada. Llevamos dos años que tenemos grupos de confirmación, que empezaron en la comunión, siguieron en la postcomunión, que entraron en la parroquia con seis años y salieron con 16. del primer grupo hay un seminarista, Fernando Reina, su hermano Pablo y su novia están en el Adoremus y la Delegación de Juventud, Alfonsito que está en la hermandad… Eran seis o siete y yo pensé que si me empestiño y los tengo aquí se van a aburrir. Los incorporé a la Dele y eso ha servido para que ellos se hayan incorporado después como catequistas y haya más grupos. Tienes que tener esa apertura: me valgo de la estructura que hay en la Iglesia, hasta que se den cuenta que eso se puede hacer en la parroquia”.

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